Eso te agrada de mi? si, no, vete mucho a la chingada, y no me molestes mas, soy lo que soy.
y no lamento mudarme de casa, así supe a quien tenia de amigo de aliado de verdad.
Como pequeños rosarios tatuados en las muñecas,
corre la sangre marcando misterios en la piel
ciento y veintisiete rezos
tres plegarias
sobre la ostias consagradas en el paño de mi sangre,
siempre volverán las aves que se marcharon en el invierno
tal vez en forma de suspiros
recordándonos
que la lucha termina con una lapida grabada con el nombre
que fuimos conocidos
preciosa esa memoria del mundo para olvidarse de la carne
dejando lo despojos en forma de huesos
sólo el amor permite creer en que la muerte conduce a un Más Allá
nadie está muerto del todo si otro continúa amándolo.


Que me va mejor
Quitarme los ojos?
Arrancarme el corazón,
y me jode en el alma te murieras...
me chinga mas saber que no estás,
y me madrean tus putos; te quiero
que fueron una promesa de nada,
hoy saludo a la tristeza con un cordial abrazo,
prometiéndole nunca decir que su nombre es amor.
si, como lo sabes,
¿que brujería has empleado para conocer mi segundo nombre?
en los bordes de tu ombligo...
escondes acaso una luna
que evoca misterios
que habla con muertos y oscurece al sol
brilla sobre mi y viólame con su magia
ahora me intriga el secreto,
¿que caballerías ahí que hacer para conseguir
el silencio de sus labios?
La liga de la ciencia pagana
I Los sanguinarios
II Las Damas blancas
III Terribles hijos de la noche
IV un jardín de Muertos
V Cena
VI siamesas
Sueño con los ojos intensos,
lindos como de psicópata,
matarían a la luna por un suspiro,
la esquizofrenia envenena sin tentaciones a ese cuerpo agonizante,
desea un beso de la muerte
tal vez sea dolor lo que nazca de tus labios
o un trozo de felicidad desbordante,
se que el resultado calmara el mar y los desiertos de otoño
alumbrados por una luna muda
perfecta en su locura vagando en la piel del universo,
vistes de tus rarezas la imágenes viejas que son poemas oscuros
repletos de demonios y alas de ángeles ensangrentadas,
es tu piel el arte puro de noches en noches
aterradores y enigmáticos suspiros,
noble como agua de los lagos en la montaña,
terrible como la lava del volcán en un bosque,
resguardada en un ataúd adornado con los cráneos de los niños muertos
observas como gira el mundo y cantas como si fueras la muerte,
niña que dúreme en un ataúd…
Nos reímos. Y seguimos riéndonos así. Hablando sin saber muy bien de qué ni por qué. Después decidimos colgar, prometiendo que nos llamaremos mañana. Es una promesa inútil: lo hubiéramos hecho de todos modos. Cuando pierdes tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando piensas que si alguien te escuchara creería que estás lcoco, cuando ninguno de los dos tiene ganas de colgar, cuando después de que ella ha colgado compruebas que lo haya hecho de verdad, entonces estás perdido. O mejor dicho, estás enamorado, lo que, en realidad, es un poco de lo mismo...
Cuando estás mal, cuando lo ves todo negro, cuando no tienes futuro, cuando no tienes nada que perder, cuando... cada instante es un peso enorme, insostenible. Y resoplas todo el tiempo. Y querrías liberarte como sea. De cualquier forma. De la más simple, de la más cobarde, sin dejar de nuevo para mañana este pensamiento: Ya no está. Y entonces, simplemente, querrías no estar tampoco tú. Desaparecer
¡Oh! ¿Qué pena te acosa, caballero en armas, vagabundo pálido y solitario? Las flores del lago están marchitas; y los pájaros callan.
¡Oh! ¿Por qué sufres, caballero en armas, tan maliciento y dolorido? La ardilla ha llenado su granero y la mies ya fue guardada.
Un lirio veo en tu frente, bañada por la angustia y la lluvia de la fiebre, y en tus mejillas una rosa sufriente, también mustia antes de su tiempo.
Una dama encontré en la pradera, de belleza consumada, bella como una hija de las hadas; largos eran sus cabellos, su pie ligero, sus ojos hechiceros.
Tejí una corona para su cabeza, y brazaletes y un cinturón perfumado. Ella me miró como si me amase, y dejó oír un dulce plañido.
Yo la subí a mi dócil corcel, y nada fuera de ella vieron mis ojos aquel día; pues sentada en la silla cantaba una melodía de hadas.
Ella me reveló raíces de delicados sabores, y miel silvestre y rocío celestial, y sin duda en su lengua extraña me decía: Te amo.
Me llevó a su gruta encantada, y allí lloró y suspiró tristemente; allí cerré yo sus ojos hechiceros con mis labios.
Ella me hizo dormir con sus caricias y allí soñé (¡Ah, pobre de mí!) el último sueño que he soñado sobre la falda helada de la montaña.
Ví pálidos reyes, y también princesas, y blancos guerreros, blancos como la muerte; y todos ellos exclamaban: ¡La belle dame sans merci te ha hecho su esclavo!
Y ví en la sombra sus labios fríos abrirse en terrible anticipación; y he aquí que desperté, y me encontré en la falda helada de la montaña.
Esa es la causa por la que vago, errabundo, pálido y solitario; aunque las flores del lago estén marchitas, y los pájaros callen.
John Keats (1795-1821)
- Por favor Sir Sabbhat, tenga piedad!
- Dios es piadoso, yo no.
Te he buscado en otras mujeres, sin encontrarte jamás. Sé que nunca te encontraré en ellas. ¿Estoy condenado a vivir con esta nostalgia hasta el fin de mis días? Tengo que confesarte lo que nunca he confesado: has alterado por completo mi sexualidad. Después de ti, nada ha vuelto a ser como antes. Para hallar placer, debo recurrir ahora a los recuerdos que me unen a ti. Me muevo constantemente entre ensueño y la realidad, Y sé que la búsqueda de otra relación es por completo ilusoria y está abocada al fracaso. Lo que me diste era demasiado intenso, y a solas no puedo recrear la ilusón de eso. Cualquier otra mujer me sabrá a poco. Esperaría demasiado de ella. En fin, ¡me hallo en un callejón sin salida¡ Ah, retroceder en el tiempo... Te deseo tantas veces..¡Bien, ya lo he dicho¡ No enumerare las ocasiones en que he tenido que revivir la ilusión de ti para conseguir continuar gozando, y, falto de todo esto, me siento huérfano.