domingo, junio 19, 2016

Expurgo la biblioteca, no hay más remedio ante la llegada inmisericorde de tantísimos volúmenes nuevos que con uñas y dientes, más el atrevimiento de la juventud, empujan y arrinconan a los viejos. Es lo mismo que en los nichos de los cementerios, cada cierto tiempo desalojados y con los restos yendo a parar a un osario, una fosa común. En un ejemplar que sopeso, y absuelvo, Argumentos en busca de autor, de Bruno Mesa, esta frase: "Detrás del libro, atados los dos por una cuerda, suele aparecer el cadáver del autor." ¿Me perseguirá el fantasma de quien escribió alguno de estos libros de los que hoy me desprendo?
Habia olvidado que los suicidas no tienen perdon de nadie que exquisito pecado aberrante algo ingenuo y al mismo tiempo bello un beso un baile con la muerte para yacer en su cama como amante

sábado, junio 18, 2016

El reloj


En el siglo XVII el universo mecanicista era descrito como una máquina, donde el reloj mostraba analógicamente, todas las propiedades de las leyes que lo regían. El mecanicismo partía de la premisa de que la realidad se explicaba por una causa eficiente, sin ninguna causa teleológica, o lo que es lo mismo, que a una acción produce una reacción directa sin objeto final. La relación causa-efecto predominaba en la visión del universo mecanicista, cuya propiedad más importante era el movimiento.  Las tres leyes de Descartes sobre el movimiento, donde toda acción es por contacto y las mismas leyes de Newton, daban pie a la metáfora del universo como una máquina, que por aquel siglo el reloj era el exponente perfecto para mostrar ese mecanicismo. De este causalismo eficiente ha llegado a nuestros días un causalismo instrumental, donde la realidad y lo material es lo que se puede medir, sin intentar comprender las otras causas, formal, material y final.

Descartes comprendía que el universo estaba compuesto por una materia extensa, y por tanto, con dimensiones, lo que significaba que era separable. Era la cosa extensa, no amorfa, del ancho, el alto y el largo que componen la extensión de la materia, además de ser una unidad separable. Una materia que por ser extensa no tenía cualidades ocultas, ni fuerzas internas, sino cualidades primarias y secundarias. Unas, como propiedades como el movimiento, figuras, formas y otras, que se aprecian por los sentidos como los colores, sabores, olores. Así, todo era concebido como materia extensa en movimiento. Los animales, los hombres eran explicado mecánicamente, por lo que los autómatas poseían mucha atracción por aquella época, ya que se construían simulando esas partes de la materia extensa, que al fin y al cabo representaban el universo en movimiento.

En este universo mecanicista, la materia del reloj eran los engranajes separables y unitarios, que trasmitían el movimiento. La materia extensa concebida dimensionalmente por las ruedas de engranaje, encadenaban un movimiento, cuya acción se podía medir por las leyes universales y necesarias de la matemática de un modo necesario y determinado. No había lugar para lo aleatorio y la incertidumbre. El universo creado mecanicista era un gigantesco reloj, que actuaba bajo las leyes absolutas de la matemática, moviendo la materia extensa y separable de un modo determinado y preciso. Un universo perfecto creado de una vez, con sus leyes eternas que regirían el movimiento sin deterioro, el reloj sin rozamiento ni desgastes, con parámetros de puntualidad divina. Pero la realidad actual es aleatoria y no determinada.

Con Heisenberg y su principio de incertidumbre en relación a la medida de los mecanismos cuánticos, enseñó que no se puede medir el momento exacto de la desintegración de un núcleo radioactivo. Heisenberg mostró que el universo no está determinado por unas leyes necesarias, sino que es aleatorio, incierto, o como él explica con una regularidad aleatoria. Eintein propuso el concepto de tiempo propio para explicar la relatividad general con la paradoja del reloj. Dos observadores a distintas velocidades, con un reloj cada uno envejecerían de un modo diferente, con la conclusión de que el espacio y el tiempo son relativos a cada observador. Esto implicaba que no existe un universo mecánico absoluto, necesario, determinista para toda materia extensa y separable, sino que el universo es aleatorio, incierto y relativo a cada cual.

Lo curioso es que el primero que explicó que cada uno de nosotros es tiempo fue Descartes ante la duda metódica. Cuando él inició su ejercicio de introspección filosófica, la primera y posiblemente más importante antes del yo existo, es que él era. Es decir, para llegar a la conclusión de que él existía él se dio cuenta que antes había sido algo, tenía un pasado de ser tiempo. Antes de existir Descartes tenía un tiempo propio que era pasado. Con Heidegger el tiempo propio se convirtió en temporalidad extática, pasado, presente y futuro de cada cual.

Heidegger explicaba que el problema de la técnica era el causalismo en base a la relación entre el productor directo de la causa y su efecto, apartando las otras causa. En la metáfora del reloj mecanicista el productor del universo es Dios, pero en el concepto actual de la técnica, se ha sustituido al hacedor universal por el productor local de la causa eficiente. En realidad, las causas son cuatro, que en una nueva metáfora del reloj se pueden describir perfectamente igual. El reloj contiene una causa material, que es la materia que lo constituye. Hoy en día, el desarrollo tecnológico de los relojes se basa en los diferentes materiales de su composición. Acero, titanio, bronce, berilio, carbono, etc., son la causa material de lo que está hecho, siendo tetra partícipe de que la cosa sea. La causa formal es el el diseño, la estética y la forma que adquiere el reloj por parte de su fabricante, la causa eficiente. La causa final es su función, para lo que está destinado a ser. Esta función puede que haya variado y que no sea solamente la medición del tiempo, sino la compresión de las causas que lo implican con respecto a la trascendencia a las leyes necesarias y absolutas, que no plasman la realidad medible.

El reloj es la muestra perfecta de que el tiempo es propio. Es pasado en cuanto envejece con uno mismo. Se deteriora como el cuerpo propio, con su pátina, el desgaste de sus elementos, sus juntas, las rayaduras. El tiempo es movimiento en cuanto se percibe en el reloj de cada uno, pero es propio en cuanto soy yo el que le puedo dar la hora, mi hora, minutos arriba o abajo, sin la perfección de las leyes de la necesidad. Soy yo el que le da cuerda, le doy la energía y la fuerza interior para que funcione, el impulso que lo alimentará mientras yo se lo proporcione en el presente. Yo soy el motor de ese tiempo. El futuro es el mantenimiento que le daré para que las generaciones posteriores puedan seguir comprendiendo que el tiempo es propio, aleatorio por la misma irregularidad de los parámetros de medida que proporciona el reloj mecánico.

 Dentro del tiempo propio, la realidad es construida por nosotros mismos. Si la realidad es el existir en el tiempo, se construye gracias a los conceptos que cada uno va construyendo dentro de su proipio proceso de vida. La base conceptual del existir es construir los propios conceptos que nos ayudan a superar la responsabilidad de la vida. Eso es la nueva función del reloj, recordar cada día que el tiempo es de uno, y por tanto, soy yo quien construye la vida, mi vida. No es medir el tiempo sino vivir lo que ha pasado, pasa y pasará. Eso es el tiempo.
¿Qué porqué soy poeta?
porqué hice el examen de admisión para la realidad
y reprobé.
En la noche andan los hombres-búhos, los nahuales quizá, los brujos, donde perjudican los hogares de la gente. Cuando los ven que con algo quieren perjudicar a los dueños de la casa, entonces (éstos) ponen una obsidiana en la puerta, o quizá la ponen en el patio, durante la noche. Dicen: "Dizque ahí se miran en el espejo los hombres-búho, los brujos, al ir a hacer daño a la gente. Quizá alguien morirá; quizá en alguno se produzca enfermedad."
Con esto huye (el brujo). Esta vez no perjudica a la gente, cuando ve el pedernal que está en el agua.

viernes, junio 17, 2016

¿Por qué visitamos la tumba de alguien a quien no hemos conocido en absoluto y donde ya no hay nada? Porque aún nos dice algo, algo que sigue resonando en nuestros oídos” (Cees Nooteboom).
Soy quien
Soy un ser marginado,
diferente solitario,
una criatura de dos mundos,
y en ninguno aceptado
Impregnado de esta soledad y melancolía
propia de los outsiders.
el cronófago, que avanza proyectando las garras de sus hórridas patas de modo que marca los segundos y devora el tiempo al abrir y cerrar la boca que luce temibles colmillos que más que devora el tiempo pareciera dispuesto a devorar la humanidad. Esta terrible criatura abre y cierra los ojos de una manera que hipnotiza a los espectadores. Los movimientos de esta langosta generan destellos de luces azules que viajan por la esfera hasta detenerse en la hora exacta.
Vengo cantando a la muerte
serenata pidiendo un beso de verdad
para que la noche no me sea lenta y sea un tornado mágico y fugaz
te espero sentado en mi tumba
frente a las flores de mi funeral
mi niña triste ahijada de dios
para encontrarnos siempre a perpetuidad…


TE AMO

jueves, junio 16, 2016

Mi corazón salta cuando contemplo un arcoiris en el cielo

Asi fue cuando mi vida empezó

Asi es ahora que soy un hombre

Asi sera cuando sea un anciano


¡O cuando me deje morir!
yo podría desear que mis dias estén Vinculados entre si por piedad natural.
pero mi destino no es del un hombre cualquiera

Existencia...bueno, ¿que importancia tiene? Yo existo en la mejor forma en que puedo
El pasado es ahora parte de mi futuro
El presente se me ha ido de las manos

todas las batallas cuestan vidas, sangre, hermanos, hermanas hijos, padres, abuelos, y amores...
Cada mañana gélida en mi corazón
sin tu espina
es morir un poco
ya sin el dulce de las emociones
contendientes en el desfile de los soberanos rayos de la muerte
danza con la luna matizada en hueso el silencio ensimismado
las brotes de mis dedos sangrantes
decoradas con las cicatrices de mis brazos y mis ojos colgantes de un hasta
perdí la cabeza
que le vacíen la plata de mi diosa
venga el jabalí a por ella
la revuelque en todas las tierras
para la perpetuidad impía del dulce sabor
de los relámpagos de septiembre
Este hedor
un hedor a melancolía
será el olor de un hombre siendo empalado…
el olor de una mujer siendo destripada…
u olor de un niño siendo quemado vivo…
así sabe la esencia de la muerte
la comida de mi carne
toda esa podredumbre en mi
mas allá de las tumbas en los buenos cementerios
dormiré para que, me olvide,
olvide anduve caminando aquí,
con cuerpo sangre y deceso
manía de estatua inundada de las lagrimas de dios
no estamos más aquí
las manos tan frías duelen como la usencia muerte
sin lagrimas ya el futuro perece en mis ojos cada segundo,
todo el tiempo será la noche esperando el alba.
Como el mundo se rinde ante el gusano, como bajamos la cabeza ante el oscuro temor del día en que el gusano se alzará victorioso en nuestra carne y se erigirá señor de nuestro cuerpo. Pero, aunque por definición seamos ese miedo, la evidencia de nuestra naturaleza debería permitirnos recordar que somos mortal...es, y que ese es el don que nos permite atesorar cada momento como irrepetible y precioso.
Era mi sueño. Pero algo se metió de por medio, y me levanté en plena noche. Di algunos traspiés hasta que llegué a la nevera. El agua estaba helada (me ha dado un escalofrío sólo de escribirlo). Intenté recordar lo que soñaba, porque era donde quería volver. Pero no recordaba nada. Y me senté en la cocina, apoyando la cabeza en algunos recuerdos gratos de la infancia, cuando todo era más de día y los sueños no se me olvidaban. Es curioso, no me puse a leer, pero pensaba en los libros que leía por entonces. Al llegar del colegio o por la noche, medio a escondidas. Con el pecho valiente de corsarios y mosqueteros. Esas historias. O investigando algún crimen despiadado, o un robo muy extraño. Y de pronto mi madre sentada en mi cama. O allí, en la cocina, preguntándome por lo que soñaba o leía, y protegiéndome del miedo. Mi madre, esa realidad magnífica de mi vida. Esa luz que no dejo de ver aún en las noches más oscuras. Me levanté, pero antes de volver a la cama, recorrí a tientas la casa, y salí al balcón para respirar la madrugada. Y contemplar la calle vacía, y el sueño de los árboles, en esa nana en la que les mecía la brisa.
medito acerca de lo mucho que hace el amor por la dieta. Recuerda que en la Minnengröte, la gruta del amor, del Tristán de Gotfried von Strassburg “los ocupantes no necesitan alimento [...] Muchos se han quedado sorprendidos ante esto y sienten curio¬sidad y ganas de saber como se alimentaban Tristán e Isolda, los dos amantes, en este yermo solitario. Se los voy decir y a satisfacer su curiosi¬dad. Se miraban el uno al otro, y de esto vivían. La cosecha de sus ojos era el alimen¬to de los dos. No comían otra cosa más que amor y de¬seo. Los dos enamorados no se inquietaban lo más mínimo en relación a la comida. Llevaban consigo, oculto bajo sus vestidos, el mejor alimento que cabe encontrar en el mundo. Éste lo tenían, sin necesidad de pagar nada, a su disposición, siempre fresco y nuevo”.
Perdon que no sepa expresar con claridad mis pensamientos, solo comprende que dentro de mi tambien ahora luchan mareas, terremotos y vientos… que aun me visitan esos fantasmas del pasado, asi como los entes que se van adentrando en el tiempo presente… no te pido que comprendas mi temor, ni siquiera te pido que lo intentes, lo unico que me gustaria pedirte seria una pizca de paciencia y unos cuantos granos de tu reloj de arena… espero que descanses bien y que recuerdes que esta noche como muchas otras yo te extraño…
— siempre a ti…
MI PADRE HABLABA CON LOS CISNES

Apoyado en la baranda
del Puente de South Gate
mi padre hablaba con los cisnes
recordando sus días
con los Royal Munster Fusiliers.

La India era el alba
Las mujeres distantes
El sol se acunaba en los brazos de él.
A veces,
cuando las nubes eran color vino
se lavaba la-cara en el Ganges.

Los cisnes remontaban desde el Lee
desplegando las alas.

2
Apoyada en las oscuridades
de su cuarto crepuscular
mi madre hablaba con Dios
recordando a Pearse
y el aliento de Connolly.

Irlanda era nueva
Los hombres altos
La tierra reflejaba su brillo.
A veces,
cuando las águilas chillaban
recorría los caminos a Belén.

Dios abría sus ojos
Poca cosa para un milagro.

De esos dos nací
El Ganges moviéndose con el Lee
y estruendo de artillería creciendo hasta perderse.
Mi madre se vistió de verde hasta que murió.
Mi padre murió con los cisnes.

Sólo los ríos siguen
sangrando suavemente.
Temprano una mañana de domingo,
la esposa de Diarmuid, de Irlanda, se levantó del lecho
"¿Qué pasa, Amada mía? ¿Adónde vas?
“Por la plaza y el campanario, a Glen-na Scail"
"¿Qué buscas allí?"
Unas túnicas bordadas, tres diademas,
nueve broches antiguos, filigranados,
engarzados, parte de mi dote."
"Ven, vuelve
a mi lado. Viajar en domingo, se dice, es mal augurio, y
la cama es mejor que equivocar el camino aue."
"Voy porque debo."
“No puedes viajar sola."
"Mi doncella viene conmigo."
Aprisa partieron de Tara las mujeres
hacia el sur. Entre charlas se extraviaron por sendas de hierba mora.
La leyenda las oculta esa noche en un bosque de Munster.
Fijamente las miraron unos ojos, aguardando la matanza. Pero
Becfola trepó a un roble y allí permaneció, el cálido aliento en sus talones
mientras los lobos aullaban por la comida cercana.
El miedo cerró sus ojos. El miedo se los abrió.
El corazón latía de nuevo. Los lobos se habían ido.
Lloró, desesperada, por los huesos roídos de su doncella.
Algo resplandeció entonces
como su júbilo próximo. En una hondonada
vio a un joven ligeramente ataviado
en seda púrpura con fajas de plata
y rubí en los dos largos pliegues que caían
de sus hombros musculosos, como un balón
cada uno. Trató de gritar, pero su voz era débil. Aquella espada
con piedras preciosas en la empuñadura, aquel escudo ovalado,
la salvarían del malechor, de perder
la virtud, cuando su nuevo campeón
los esgrimiera. Brazaletes y anillos se iluminaron
cuando éste se arrimó a una olla atendiendo el fuego.
Becfola corrió, trastabillando: el joven la tomó tiernamente,
la llevó junto al calor, contemplándola,
sin pronunciar una palabra. Más leños se apilaron
solos bajo la olla. Asombrada,
compartió con él la comida. La llevó luego en silencio
hasta un arroyo cercano; Becfola hundió sus manos
con las de él en el agua, bebió, secó su boca y lo siguió.
Miró hacia atrás - el fuego se había desvanecido. La sorpresa
volvió a detenerla. Estaban a orillas de un lago –
un bote de cobre se hamacaba amarrado a un islote:
el joven lo atrajo hacia la costa con un cabo
y el crujir de un trinquete, señaló, sonrió
y lo guió hasta las gradas sumergidas
de aquella casa en la isla. Becfola vio allí
hermosas camas, pero ni una sola alma. Sin una palabra,
se desnudaron como marido y mujer.
Sin una palabra, ella se acostó entre él y la pared.
Dos veces en la noche se despertaron,
se volvieron uno al otro, pero no traicionaron
al Gran Rey de Irlanda.
A la mañana siguiente el joven habló:
"Eres mi esposa ahora, pero no puedes quedarte.
Vuelve a casa, y espera a que envíe mis duendes terrenales."
"¿Cómo podré irme sola? Mi pobre doncella fue muerta en el bosque."
"Ella está sana y salva,
abrigada por un fuego inmaterial."
Esposa y doncella volvieron entonces a Tara.
Todo lo ocurrido había durado
menos de un minuto.
Becfola se desvistió rápidamente
y se acostó junto al Rey.
"Escuchaste mi buen consejo" -dijo Diarmuid,
volviéndose hacia ella - "y ahora pareces una flor dulce.
Todo ardor y murmullos, como si hubieras escapado
a un asalto de besos. ¿Por qué, me pregunto?
Becfola sintió la creciente excitación de su esposo. Se deslizó
bajo los brazos del Rey con un suspiro profano,
abriendo los suyos. Oyó el amanecer
afuera entre los olmos, y sonrió.
"Porque soy,
Amado mío, tu esposa obediente."
Cuando el hombre comenzó a ser hombre, cuando despertó en la vida y dejo de ser la nada, estaba allí a su lado La Muerte, como un enigma indescifrable. Ningún otro ser siente esa incertidumbre, nadie mas despertó en su conciencia la mortalidad, ni sufre ni agoniza la vida, como el hombre, nadie Tiene la experiencia de muerte con tanta intensidad.
Cuando la muerte dejo de ser un misterio y se convirtió en un problema, dejamos de pensarla y reflexionar sobre la esencia de la muerte, poco a poco, la muerte se convirtió en un espectáculo y un común, espectáculo visual para el entretenimiento del mas ocioso y morboso espectador.
Pero la muerte está aquí pesa como una Cruz de Hierro, que nos recuerda lo que somos, tal vez, sea necesario volver a pensar la esencia de la muerte, pues en cierta medida quien piensa en la muerte piensa en la vida y el que ignora la muerte ignora la vida, así como diría Octavio Paz; “como no amar a la muerte si amo la vida”.
Miro a través de la ventana el cielo gris
y en mi mente tan sólo recuerdos en blanco y negro.
Siempre la misma gente indiferente,
salgo a la calle cegado con los ojos llorosos.
Entro en el bar pido una cerveza intento olvidar,
te veo en un rincón llorando no vas a marchar.
No por eso no quiero que tu te vayas de aquí.
No por eso no quiero que tu te vayas de aquí.