Puedes sentir el fuego como agua,
como lluvia que inunda,
como sed que se sacia,
como tormenta ardiente
que espera su calma.
Después de ese fuego que abrasa
la paz de tu mirada
no necesita palabras.
Brotan chispas que encienden mis ansias,
ponen alas al deseo
…se reavivan las llamas
Y el fuego nunca se extingue
…si lo bebes como agua
viernes, junio 23, 2017
Blanco tu corazón,
como los hilos largos de tu espera
que tejen y destejen las Hades griegas.
Abejas blancas zumban en el borde de tu razón
y anidan en el espejo blanco de tu abuela.
Sueñas, luego existes;
sin estilizadas metáforas mentales no hay reloj.
Equilíbrate sobre aquella lejanía líquida
que ahoga al viajero,
La ausencia es una masa de agua fría e inabarcable;
Vamos, haz tu acrobacia sobre la línea invisible del horizonte,
aquella frontera abstracta que de los sueños te separa.
¿Quién devoró aquel camino que hacia tu inconsciente te llevaba?
En puntillas avanzas;
A ciegas
A sabiendas que el camino se va haciendo corto,
estrecho;
Y que ha de desembocar precisamente
sobre todas tus distancias.
Y la ayuda llegó
No de la forma en que imaginamos la ayuda
Pero irrumpió en la habitación como un soplo cansado, con apenas impulso, con cansancio y pesadez, con lamentos fallidos, con fe perdida, de esa que encuentras en los corazones rotos.
La agradezco porque la necesitaba.
Blanco tu corazón,
como los hilos largos de tu espera
que tejen y destejen las Hades griegas.
Abejas blancas zumban en el borde de tu razón
y anidan en el espejo blanco de tu abuela.
Sueñas, luego existes;
sin estilizadas metáforas mentales no hay reloj.
Equilíbrate sobre aquella lejanía líquida
que ahoga al viajero,
La ausencia es una masa de agua fría e inabarcable;
Vamos, haz tu acrobacia sobre la línea invisible del horizonte,
aquella frontera abstracta que de los sueños te separa.
¿Quién devoró aquel camino que hacia tu inconsciente te llevaba?
En puntillas avanzas;
A ciegas
A sabiendas que el camino se va haciendo corto,
estrecho;
Y que ha de desembocar precisamente
sobre todas tus distancias.
Y la ayuda llegó
No de la forma en que imaginamos la ayuda
Pero irrumpió en la habitación como un soplo cansado, con apenas impulso, con cansancio y pesadez, con lamentos fallidos, con fe perdida, de esa que encuentras en los corazones rotos.
La agradezco porque la necesitaba.
Hay que predicar sobre el fin
de los cuerpos que nos lideran
que dejaron a su alma
apoderarse de vanas glorias
solo para poseer estados.
Todos esos mortales
esperarán al pie de la hoguera
gimiendo con impotencia
la pérdida de los placeres terrenales.
de los cuerpos que nos lideran
que dejaron a su alma
apoderarse de vanas glorias
solo para poseer estados.
Todos esos mortales
esperarán al pie de la hoguera
gimiendo con impotencia
la pérdida de los placeres terrenales.
Llorarán, sobre sus tumbas
con la danza de la muerte
el fuego los consumirá
y sus ropas se harán cenizas.
con la danza de la muerte
el fuego los consumirá
y sus ropas se harán cenizas.
Fuego.
Siento que cada medio día, buceo en el fuego. Me sumerjo en una tempestad de llamas que me abrasa, que me despelleja por dentro.
Las corrientes de convección me arrastran al fondo del averno. Siento como unas pesadas cadenas de plomo hirviente, me retienen privándome de libertad.
Es el recuerdo que me acecha y me inmoviliza en esa hoguera expiatoria del sufrimiento.
Y el bálsamo de la noche.
Qué diferente del invierno.
La noche, con su refrescante aliento, devuelve la vida a mis calcinados miembros.
Regresan los sentidos a mi cuerpo:
Olfato, para oler la suave fragancia del jazmín; vista, para contemplar en el recuerdo las sutiles curvas de tu lejana topografía; oído, para gozar con tu presencia, con tu razonamiento; y tacto, para no perderme nunca en la oscuridad agarrándome a cada pliegue de tu deseado cuerpo.
Siento que cada medio día, buceo en el fuego. Me sumerjo en una tempestad de llamas que me abrasa, que me despelleja por dentro.
Las corrientes de convección me arrastran al fondo del averno. Siento como unas pesadas cadenas de plomo hirviente, me retienen privándome de libertad.
Es el recuerdo que me acecha y me inmoviliza en esa hoguera expiatoria del sufrimiento.
Y el bálsamo de la noche.
Qué diferente del invierno.
La noche, con su refrescante aliento, devuelve la vida a mis calcinados miembros.
Regresan los sentidos a mi cuerpo:
Olfato, para oler la suave fragancia del jazmín; vista, para contemplar en el recuerdo las sutiles curvas de tu lejana topografía; oído, para gozar con tu presencia, con tu razonamiento; y tacto, para no perderme nunca en la oscuridad agarrándome a cada pliegue de tu deseado cuerpo.
Bajo ti, majestad azul y tenebrosa,
sultana coronada
de sombrías estrellas, ataviada
en mar y en recuerdos,
allí se cruzan las olas heladas.
Tu diamante es la luna –
la llave de tu arco –
allí donde tu belleza se retrata, y a su lado,
tu mirada.
Y allí donde se pierde todo norte,
más allá de donde estoy,
todavía reinarás, poderosa,
tu dominio de siglos.
Viste caer, bajo la tela de tu traje,
de las almas más valientes
que han nacido.
Viste pasar por las calles de tu ciudad
insignificante e irresistible,
en ti entrañada y de ti engendrada,
una panoplia de almas marchitas,
un apoteosis de vidas y mirares.
Y allí estarás, donde te veo,
siempre sobre este puente, inalcanzable,
inaudita, inverosímil, insólita, inmuta, impertinente, imperturbable,
y yo, indigno de ser inspirado,
te miro,
respiro,
y te dedico estos versos.
sultana coronada
de sombrías estrellas, ataviada
en mar y en recuerdos,
allí se cruzan las olas heladas.
Tu diamante es la luna –
la llave de tu arco –
allí donde tu belleza se retrata, y a su lado,
tu mirada.
Y allí donde se pierde todo norte,
más allá de donde estoy,
todavía reinarás, poderosa,
tu dominio de siglos.
Viste caer, bajo la tela de tu traje,
de las almas más valientes
que han nacido.
Viste pasar por las calles de tu ciudad
insignificante e irresistible,
en ti entrañada y de ti engendrada,
una panoplia de almas marchitas,
un apoteosis de vidas y mirares.
Y allí estarás, donde te veo,
siempre sobre este puente, inalcanzable,
inaudita, inverosímil, insólita, inmuta, impertinente, imperturbable,
y yo, indigno de ser inspirado,
te miro,
respiro,
y te dedico estos versos.
Puedes sentir el fuego como agua,
como lluvia que inunda,
como sed que se sacia,
como tormenta ardiente
que espera su calma.
Después de ese fuego que abrasa
la paz de tu mirada
no necesita palabras.
Brotan chispas que encienden mis ansias,
ponen alas al deseo
…se reavivan las llamas
Y el fuego nunca se extingue
…si lo bebes como agua
como lluvia que inunda,
como sed que se sacia,
como tormenta ardiente
que espera su calma.
Después de ese fuego que abrasa
la paz de tu mirada
no necesita palabras.
Brotan chispas que encienden mis ansias,
ponen alas al deseo
…se reavivan las llamas
Y el fuego nunca se extingue
…si lo bebes como agua
Os invoco Brujas, venid a mi venid al coven...
Fuego.
Siento que cada medio día, buceo en el fuego. Me sumerjo en una tempestad de llamas que me abrasa, que me despelleja por dentro.
Fuego.
Siento que cada medio día, buceo en el fuego. Me sumerjo en una tempestad de llamas que me abrasa, que me despelleja por dentro.
Las corrientes de convección me arrastran al fondo del averno. Siento
como unas pesadas cadenas de plomo hirviente, me retienen privándome de
libertad.
Es el recuerdo que me acecha y me inmoviliza en esa hoguera expiatoria del sufrimiento.
Y el bálsamo de la noche.
Qué diferente del invierno.
La noche, con su refrescante aliento, devuelve la vida a mis calcinados miembros.
Regresan los sentidos a mi cuerpo:
Olfato, para oler la suave fragancia del jazmín; vista, para contemplar en el recuerdo las sutiles curvas de tu lejana topografía; oído, para gozar con tu presencia, con tu razonamiento; y tacto, para no perderme nunca en la oscuridad agarrándome a cada pliegue de tu deseado cuerpo.
Es el recuerdo que me acecha y me inmoviliza en esa hoguera expiatoria del sufrimiento.
Y el bálsamo de la noche.
Qué diferente del invierno.
La noche, con su refrescante aliento, devuelve la vida a mis calcinados miembros.
Regresan los sentidos a mi cuerpo:
Olfato, para oler la suave fragancia del jazmín; vista, para contemplar en el recuerdo las sutiles curvas de tu lejana topografía; oído, para gozar con tu presencia, con tu razonamiento; y tacto, para no perderme nunca en la oscuridad agarrándome a cada pliegue de tu deseado cuerpo.
sábado, junio 17, 2017
el cronófago, que avanza proyectando las garras de sus hórridas patas de
modo que marca los segundos y devora el tiempo al abrir y cerrar la
boca que luce temibles colmillos que más que devora el tiempo pareciera
dispuesto a devorar la humanidad. Esta terrible criatura abre y cierra
los ojos de una manera que hipnotiza a los espectadores. Los movimientos
de esta langosta generan destellos de luces azules que viajan por la
esfera hasta detenerse en la hora exacta.
viernes, junio 16, 2017
Evidentemente, seguiré siendo considerado una abominación de la
naturaleza hasta el día que decida comulgar con la idea de tener hijos y
que mi esencia se vea doblegada al hecho de ser un entusiasta de algún
equipo de fútbol. Sin embargo, visto y considerando mi poca esencia
altruista y mi pulsión hacia la misantropía, y mi capacidad de
aburrimiento, la cual se vería subyugada frente al monótono espectáculo
de perseguir un balón, hasta ese entonces seguiré siendo un desterrado
del título de Homo sapiens. Celebro ese destino!
En la mesa estaban servidas las viandas; pan con miel, leche y vino,
quesos y jamnones, carne de jabalí, y de venado, frutas y semillas, aves
servidas en salsas, también tantos tarros con cerveza estaban
listos, que no se podían contar, la fiesta de el fuego nuevo estaba
iniciando, las brujas y los brujos bailaban, cantaban e invocaban a la
vieja Diosa, y el banquete estaba servido a los muertos y a los vivos
por igual, se podía oler en toda la comarca. Era esta la noche en que
la oscuridad amenaza con ser eterna, el regreso de Sol invicto era
esperado con la fogata de fuego que habría de iluminar nuestro año.
Miro a través de la ventana el cielo gris
y en mi mente tan sólo recuerdos en blanco y negro.
Siempre la misma gente indiferente,
salgo a la calle cegado con los ojos llorosos.
Entro en el bar pido una cerveza intento olvidar,
te veo en un rincón llorando no vas a marchar.
No por eso no quiero que tu te vayas de aquí.
No por eso no quiero que tu te vayas de aquí.
y en mi mente tan sólo recuerdos en blanco y negro.
Siempre la misma gente indiferente,
salgo a la calle cegado con los ojos llorosos.
Entro en el bar pido una cerveza intento olvidar,
te veo en un rincón llorando no vas a marchar.
No por eso no quiero que tu te vayas de aquí.
No por eso no quiero que tu te vayas de aquí.
Cuando el hombre comenzó a ser hombre, cuando despertó en la vida y
dejo de ser la nada, estaba allí a su lado La Muerte, como un enigma
indescifrable. Ningún otro ser siente esa incertidumbre, nadie mas
despertó en su conciencia la mortalidad, ni sufre ni agoniza la vida,
como el hombre, nadie Tiene la experiencia de muerte con tanta
intensidad.
Cuando la muerte dejo de ser un misterio y se convirtió en un problema, dejamos de pensarla y reflexionar sobre la esencia de la muerte, poco a poco, la muerte se convirtió en un espectáculo y un común, espectáculo visual para el entretenimiento del mas ocioso y morboso espectador.
Cuando la muerte dejo de ser un misterio y se convirtió en un problema, dejamos de pensarla y reflexionar sobre la esencia de la muerte, poco a poco, la muerte se convirtió en un espectáculo y un común, espectáculo visual para el entretenimiento del mas ocioso y morboso espectador.
Pero la muerte está aquí pesa como una Cruz de Hierro, que nos recuerda
lo que somos, tal vez, sea necesario volver a pensar la esencia de la
muerte, pues en cierta medida quien piensa en la muerte piensa en la
vida y el que ignora la muerte ignora la vida, así como diría Octavio
Paz; “como no amar a la muerte si amo la vida”.
jueves, junio 15, 2017
Cuando la noche llega, algunos dicen que nunca
ocurre nada especial.
Pero afuera, en la calle, la ciudad duerme
bajo un silencioso manto de estrellas,
el rostro pálido de la luna nos muestra
una extraña mueca dolorosa,
mientras se escuchan los aullidos de los lobos;
la niebla fría y fantasmagórica
nos dibuja una extraña silueta
que surge entre las sombras;
desde la acera un gato negro nos mira fijamente
bajo la luz amarillenta de una farola.
ocurre nada especial.
Pero afuera, en la calle, la ciudad duerme
bajo un silencioso manto de estrellas,
el rostro pálido de la luna nos muestra
una extraña mueca dolorosa,
mientras se escuchan los aullidos de los lobos;
la niebla fría y fantasmagórica
nos dibuja una extraña silueta
que surge entre las sombras;
desde la acera un gato negro nos mira fijamente
bajo la luz amarillenta de una farola.
Y dicen que nunca pasa nada.
Todo esto a mí me parece extraordinario.
Todo esto a mí me parece extraordinario.
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