viernes, julio 05, 2019
Un autorretrato
Un autorretrato te hace cínico. Con la forma en que comprendes la
imagen, la simbología que se utiliza para expresar ideas a través de
ella e incluso, su objetivo más notorio. Como un espejo engañoso, el
autorretrato es una mirada a las obsesiones de su autor pero también, a
la idealización que hace de ellas. Una gran trampa alegórica.
Lo pienso con frecuencia: después de todo, mi trabajo fotográfico de autorretrato analizo el interior con todas las herramientas que puedo, visuales y semióticas. A veces una combinación de ambas cosas. No es sencillo, tampoco tiene un objetivo. Supongo lo hago porque no sé hacer otra cosa.
La mayor parte de los autorretratos que me tomo, especulan sobre la muerte, una de las obsesiones más viejas en mi vida. Dedico horas a imaginar la mortalidad desde lo simbólico. A elaborar reflexiones profundas sobre ese terror tan antiguo en nuestra cultura(en mi): la incertidumbre que provoca el pensamiento de la disolución física, la caída en la oscuridad. ¿Qué propósito tiene la vida sin que la muerte sea su reverso? ¿Qué ocurre con la identidad cuando dejamos de existir? No es un cuestionamiento original ni mucho menos individual. Pero en mi caso, la fotografía me ha permitido encontrar respuestas más o menos elaboradas a ese temor antes o después, nos abruma a todos. Una mirada a la fugacidad de mi vida desde el ritual de escenificar mi muerte.
En mis fotografías, siempre tengo el aspecto de un cadáver. Procuro imitar lo mejor que puedo cada tono de piel, expresión y postura. Hay algo de mitológico, en eso de escenificar la propia muerte mediante el arte. Una percepción casi mágica que brinda poder a la imagen. O así me gusta imaginarlo, en todo caso: tendido en el suelo, entre ramas secas y flores marchitas, miro la cámara e imagino de forma muy vívida, que en realidad es la mirada del otro sobre mi cuerpo cuerpo, la pérdida definitiva de la identidad ante la contemplación de lo que la muerte puede representar. Me dejo llevar por la sensación, me aferro a ella mientras escucho el sonoro clic de la cámara. Me quedo inmóvil, los brazos retorcidos sobre el pecho y pienso que quizás, ese último momento puede ser así: una osadía retorcida, el encuentro de todas las viejas cuestiones sobre la naturaleza humana en una rara percepción de la belleza.
Según los celtas, la muerte es el único paso real que el ser humano da en un mundo incierto. La frase tiene dos mil años de antigüedad pero parece describir mejor que cualquier otra la percepción que aún se tiene sobre quizás el único concepto que el hombre no ha podido matizar o definir a medias. Tal vez por ese motivo, la muerte es un tema recurrente en toda mitología, cultura, sociedad y pensamiento humanista. Lo es por implacable, irrevocable, por el hecho que es imposible ignorar a pesar de todos los intentos que hagamos para lograrlo. La muerte, como tal, es un concepto integro, tal vez uno de los pocos por completo absolutos que posee la realidad analizada como forma de comprender la realidad.
Lo pienso con frecuencia: después de todo, mi trabajo fotográfico de autorretrato analizo el interior con todas las herramientas que puedo, visuales y semióticas. A veces una combinación de ambas cosas. No es sencillo, tampoco tiene un objetivo. Supongo lo hago porque no sé hacer otra cosa.
La mayor parte de los autorretratos que me tomo, especulan sobre la muerte, una de las obsesiones más viejas en mi vida. Dedico horas a imaginar la mortalidad desde lo simbólico. A elaborar reflexiones profundas sobre ese terror tan antiguo en nuestra cultura(en mi): la incertidumbre que provoca el pensamiento de la disolución física, la caída en la oscuridad. ¿Qué propósito tiene la vida sin que la muerte sea su reverso? ¿Qué ocurre con la identidad cuando dejamos de existir? No es un cuestionamiento original ni mucho menos individual. Pero en mi caso, la fotografía me ha permitido encontrar respuestas más o menos elaboradas a ese temor antes o después, nos abruma a todos. Una mirada a la fugacidad de mi vida desde el ritual de escenificar mi muerte.
En mis fotografías, siempre tengo el aspecto de un cadáver. Procuro imitar lo mejor que puedo cada tono de piel, expresión y postura. Hay algo de mitológico, en eso de escenificar la propia muerte mediante el arte. Una percepción casi mágica que brinda poder a la imagen. O así me gusta imaginarlo, en todo caso: tendido en el suelo, entre ramas secas y flores marchitas, miro la cámara e imagino de forma muy vívida, que en realidad es la mirada del otro sobre mi cuerpo cuerpo, la pérdida definitiva de la identidad ante la contemplación de lo que la muerte puede representar. Me dejo llevar por la sensación, me aferro a ella mientras escucho el sonoro clic de la cámara. Me quedo inmóvil, los brazos retorcidos sobre el pecho y pienso que quizás, ese último momento puede ser así: una osadía retorcida, el encuentro de todas las viejas cuestiones sobre la naturaleza humana en una rara percepción de la belleza.
Según los celtas, la muerte es el único paso real que el ser humano da en un mundo incierto. La frase tiene dos mil años de antigüedad pero parece describir mejor que cualquier otra la percepción que aún se tiene sobre quizás el único concepto que el hombre no ha podido matizar o definir a medias. Tal vez por ese motivo, la muerte es un tema recurrente en toda mitología, cultura, sociedad y pensamiento humanista. Lo es por implacable, irrevocable, por el hecho que es imposible ignorar a pesar de todos los intentos que hagamos para lograrlo. La muerte, como tal, es un concepto integro, tal vez uno de los pocos por completo absolutos que posee la realidad analizada como forma de comprender la realidad.

jueves, julio 04, 2019
El Futuro, Julio Cortázar
Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.
No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.
Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.
No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.
Todas las historias de niños, comienzan alrededor del medio día, donde
el sol es más brillante, es frecuente hallar en las historias de niños,
sonrisas y felicidad, el dolor se termina con un beso de mama, las
sonrisas llegan tan rápido como papa te abraza inclusive la abuela
siempre estará a tu lado, porque para los niños, la muerte no existe. No
siempre fue así, a veces se nos olvida que los niños son una creación
reciente, antes no existían, no eran nada, tan así, que frecuentemente
muchos niños no llegaban a mirar un amanecer, después de irse a dormir.
Pero existen otros niños que nacen en las sombras y parece que les
resulta imposible salir de ellas, no es necesariamente malo eso, pero
nunca nadie los quiere… con el tiempo, mueren en vida y se hacen sombras
que deambulan en las ciudades buscando el primer arrojo de cariño, y
mendigan el amor que jamás tendrán, sintiéndose tristemente alegres de
que un segundo sonrieron, para volver a encontrar el rumbo de su muerte.
martes, julio 02, 2019
Considerar tan poético el insomnio es todo un síntoma. El insomnio
tiene que ver con la vigilia, frente a los vagarosos sueños, y eso está
muy bien; pero que no apostemos por el despertar fresco y descansado nos
indica que todavía relacionamos lo literario con lo patológico, lo
nervioso, lo oscuro y lo pesado. Hay que romper, si no ya con el
insomnio, sí con su torpe prestigio. El Insomnio esta sobrevalorado,
envido a los que pueden dormir...
lunes, junio 24, 2019
Uno de los grandes medievalistas los achaca a la metáfora de la lucha
contra la vagancia y la lentitud, del mismo modo que concedía poderes
sobrenaturales venidos del averno a estos seres cuyos ojos se sitúan
sobre lo que se asemeja a una cornamenta. También hace hincapié en la
fortaleza y gallardía que cualquier caballero bizarro necesita para
acabar contra la protección de la concha, que también se plantea como
metáfora de la resistencia de estas lacras: la holgazanería y la
lentitud.
"El
caballero, en el antiguo sentido caballeresco, se hallaba
indisolublemente consagrado a su orden y era incapaz, fueren cuales
fueren las circunstancias, de dejar de ser un caballero. Había cosas que
había contraído el compromiso tácito de no hacer ni permitir. Ni él, ni
nadie en presencia suya, podía permitirse el ser cobarde, cruel, vil,
ingrato, obsceno o desleal. Así, el caballero, aunque siempre respetado,
era detestado a menudo. Desde luego, no era el más acomodaticio de los
compañeros, y los que no eran caballeros preferían no encontrarlo en su
camino."
George Santayana, El último puritano, I, 183. Cit. por José Luis Villacañas en Ramiro de Maeztu y el ideal de la burguesía en España, 2000
George Santayana, El último puritano, I, 183. Cit. por José Luis Villacañas en Ramiro de Maeztu y el ideal de la burguesía en España, 2000
Pienso en las maldiciones y las faltas, en los teatros, en ese Dios
rencoroso que dentro de ello es piadoso y me ha escuchado, pienso en el
cambio el bien de mi Gente a cambio de mi felicidad, y parece el deseo
se concede, cuando pides algo con amor se cumple, por otro lado tal vez
es que nací maldito y Por.eso la vida me arranca y me quita sin
descanso, de otra forma no me explico esto o es tan fácil como decir
porque algo bueno me pasaría a mi.
Incluso las quejas de los demás tienen su interés. Para ilustrar el
hecho de que todos los problemas acaban llegando a él, da con una buena
imagen: "¿Qué botón es el que está más usado de los ascensores?". El
bajo, contesto. "Pues eso me ocurre a mí, que soy el botón que todo el
mundo acaba tocando". Entonces recuerdo una imagen bellísima. En la casa
de un mi tipo, viven los padres, ya mayores, de una familia muy
numerosa, que conozco algo, y que ha seguido creciendo con muchos
nietos. En el ascensor de ese edificio está muy erosionado el botón B,
como siempre. Pero también el botón del 6º, que es donde vive esa
familia. Es verlo y se pulsa el botón de un verso de Miguel Hernández:
"quedando / una mujer y un hombre gastados por los besos".
Me Reclaman las criaturas de la noche, me llaman por mi verdadero
nombre, la otredad me observa y ha mandado, perros infernales, a su
buena Xente, meigas y bruxas hermosas, a por mí, les resistiré y
triunfare sé que la mañana de San Juan será Hermosa.
Trencé mis cabellos, les decore con las espinas de las rosas, he colectado la verbena, y esta listo el fuego, la hoguera encendida, ilumina la oscuridad, es momento de cantar y bailar, alrededor del gran fuego, pasar una y otra vez entre el fuego para renacer, para que la muerte sea vida, para ser nuevos y mejores. El gran fuego de San Juan es esta noche y vos cruzas conmigo los umbrales.
Trencé mis cabellos, les decore con las espinas de las rosas, he colectado la verbena, y esta listo el fuego, la hoguera encendida, ilumina la oscuridad, es momento de cantar y bailar, alrededor del gran fuego, pasar una y otra vez entre el fuego para renacer, para que la muerte sea vida, para ser nuevos y mejores. El gran fuego de San Juan es esta noche y vos cruzas conmigo los umbrales.
Fuego, laurel y deseos. San Juan es el umbral más conocido, san Juan es
la fecha límite por excelencia. "Mañanita de san Juan" y "En la noche
de san Juan" son los tópicos para la aventura y la puerta al Otro Mundo.
¡Felices deseos, pero, recuerden, tengan precaución con los umbrales!
¡Felices deseos, pero, recuerden, tengan precaución con los umbrales!
domingo, junio 23, 2019
La Noche de San Juan ("Noite de San Xoán" en gallego, "Nueche de San
Xuan" en asturiano, "Nit de Sant Joan" en catalán y valenciano,
"Donibane gaua" o "San Juan gaua" en euskara), Hogueras de San Juan
("Fogueiras de San Xoán" en gallego, "Donibaneko suak" o "San Juan suak"
en euskara, "Foguera de San Xuán" en asturiano, "Fogueres de Sant Joan"
en valenciano, "Cacharelas de San Xoan" en gallego o "Sanjuanada", en
ciertas zonas de El Bierzo) es una festividad muy antigua en la que
se celebra la llegada del solsticio de verano en el hemisferio norte
cuyo rito principal consiste en encender una hoguera. La finalidad de
este rito era "dar más fuerza al sol", que a partir de esos días, iba
haciéndose más "débil" -los días se van haciendo más cortos hasta el
solsticio de invierno-. Simbólicamente el fuego también tiene una
función "purificadora" en las personas que lo contemplaban.
Hay que predicar sobre el fin
de los cuerpos que nos lideran
que dejaron a su alma
apoderarse de vanas glorias
solo para poseer estados.
Todos esos mortales
esperarán al pie de la hoguera
gimiendo con impotencia
la pérdida de los placeres terrenales.
de los cuerpos que nos lideran
que dejaron a su alma
apoderarse de vanas glorias
solo para poseer estados.
Todos esos mortales
esperarán al pie de la hoguera
gimiendo con impotencia
la pérdida de los placeres terrenales.
Llorarán, sobre sus tumbas
con la danza de la muerte
el fuego los consumirá
y sus ropas se harán cenizas.
con la danza de la muerte
el fuego los consumirá
y sus ropas se harán cenizas.
Puedes sentir el fuego como agua,
como lluvia que inunda,
como sed que se sacia,
como tormenta ardiente
que espera su calma.
Después de ese fuego que abrasa
la paz de tu mirada
no necesita palabras.
Brotan chispas que encienden mis ansias,
ponen alas al deseo
…se reavivan las llamas
Y el fuego nunca se extingue
…si lo bebes como agua
como lluvia que inunda,
como sed que se sacia,
como tormenta ardiente
que espera su calma.
Después de ese fuego que abrasa
la paz de tu mirada
no necesita palabras.
Brotan chispas que encienden mis ansias,
ponen alas al deseo
…se reavivan las llamas
Y el fuego nunca se extingue
…si lo bebes como agua
Yo sigo siendo el misterio encerrado en la cueva de la monstruosidad,
esa noche donde poco a poco va naciendo el día,
soy la belleza de luz y la sombra en una danza macabra,
la calavera enterrada en el piel
como un dolor y cruz que van purificando el alma,
soy el viento que habla con los ruiseñores,
el tiempo despedazado en las razones lógicas
de las perturbaciones de no ser,
aquí me llamo noche oscura, ese no ver,
esa alma que quiere vislumbrar por un fin,
soy el sexo idílico perfecto para encontrar la vida
y sin embargo no acabo de sentir nada,
soy y seguiré siendo; la nada, la ausencia y el sustituto,
la aridez ocasional de la vida lo que siempre se olvida,
noche, noche oscura
y esa esperanza que no sabe si espera,
que se pone mustia…
esa noche donde poco a poco va naciendo el día,
soy la belleza de luz y la sombra en una danza macabra,
la calavera enterrada en el piel
como un dolor y cruz que van purificando el alma,
soy el viento que habla con los ruiseñores,
el tiempo despedazado en las razones lógicas
de las perturbaciones de no ser,
aquí me llamo noche oscura, ese no ver,
esa alma que quiere vislumbrar por un fin,
soy el sexo idílico perfecto para encontrar la vida
y sin embargo no acabo de sentir nada,
soy y seguiré siendo; la nada, la ausencia y el sustituto,
la aridez ocasional de la vida lo que siempre se olvida,
noche, noche oscura
y esa esperanza que no sabe si espera,
que se pone mustia…
Carta d'amor
Aquesta és una carta d'amor
tan confusa i tan profunda
com, per exemple, el bosc
o la foscor nocturna.
Aquesta és una carta d'amor
tan confusa i tan profunda
com, per exemple, el bosc
o la foscor nocturna.
El meu cor batega amb força
per trucar a la teva porta
i tu em deixes entrar.
perquè sense tu no vull estar,
sinó molt més amb tu.
Aquesta és una carta d'amor
tan confusa i tan profunda
com, per exemple, la mar
o fins i tot encara més.
Dos que es volen
per trucar a la teva porta
i tu em deixes entrar.
perquè sense tu no vull estar,
sinó molt més amb tu.
Aquesta és una carta d'amor
tan confusa i tan profunda
com, per exemple, la mar
o fins i tot encara més.
Dos que es volen
sábado, junio 22, 2019
Tengo sed de poesía,
hambre de caricias,
ganas de ti…
Tengo antojo de tus labios,
apetito de tus besos,
deseo de ti…
hambre de caricias,
ganas de ti…
Tengo antojo de tus labios,
apetito de tus besos,
deseo de ti…
Quiero beberte,
tomarte,
extasiarme de ti…
Mi piel te llama
y mi cama te espera,
y yo…
yo tengo una sed desesperada
de beberte a ti…
¿Y tú…? ¿Acaso piensas en mí…?
tomarte,
extasiarme de ti…
Mi piel te llama
y mi cama te espera,
y yo…
yo tengo una sed desesperada
de beberte a ti…
¿Y tú…? ¿Acaso piensas en mí…?
Una letra desplaza el sueño
lo lacera,
las otros no vienen a alterar el curso de las cosas...
En el origen
del error
un murmullo líquido
y el frío le cambia el itinerario.
lo lacera,
las otros no vienen a alterar el curso de las cosas...
En el origen
del error
un murmullo líquido
y el frío le cambia el itinerario.
Gira contra la pared
yo trato de ignorar el verbo.
No la he tocado
acaso la he visto?
La que mata
entreabre la escena,
se conjuga y la digo con ritmo,
formó una palabra.
yo trato de ignorar el verbo.
No la he tocado
acaso la he visto?
La que mata
entreabre la escena,
se conjuga y la digo con ritmo,
formó una palabra.
viernes, junio 21, 2019
Cabrones. Eso es lo que sois:
unos miserables cabrones.
(Aunque no sólo vosotros caváis las fosas
desde donde para toda la eternidad
os van a estar mirando esos niños).
unos miserables cabrones.
(Aunque no sólo vosotros caváis las fosas
desde donde para toda la eternidad
os van a estar mirando esos niños).
"Cobardes cabrones de mierda"
es el mejor verso
que me inspira vuestro delirio.
(Aunque aquellos que os lo permiten
tengan mayor pecado).
Pero por más tierra que echéis
y echéis sobre esos menudos cuerpos,
jamás podréis quitaros de encima ese olor
nauseabundo de almas putrefactas
en que os habéis convertido.
Ni caridad ni leches: sois unos mierdas,
hijos de la gran mierda.
Y mi poema no puede decir otra cosa
que esta verdad: vuestra vil inmundicia
va a suponer vuestro propio fin.
Mientras esos ángeles que enterráis vivos
seguirán vivos en Dios, eternamente,
vosotros ya estáis condenados
a un eterno espanto desde ahora,
cobardes cabrones de mierda.
(Sólo me queda rezar
sobre esas tumbas -rezar como un niño-,
apretar el alma con los dientes
y dejar allí unas flores. Y un puñetazo
en la tierra, y en este silencio
de tantos, de muchos, de demasiados).
es el mejor verso
que me inspira vuestro delirio.
(Aunque aquellos que os lo permiten
tengan mayor pecado).
Pero por más tierra que echéis
y echéis sobre esos menudos cuerpos,
jamás podréis quitaros de encima ese olor
nauseabundo de almas putrefactas
en que os habéis convertido.
Ni caridad ni leches: sois unos mierdas,
hijos de la gran mierda.
Y mi poema no puede decir otra cosa
que esta verdad: vuestra vil inmundicia
va a suponer vuestro propio fin.
Mientras esos ángeles que enterráis vivos
seguirán vivos en Dios, eternamente,
vosotros ya estáis condenados
a un eterno espanto desde ahora,
cobardes cabrones de mierda.
(Sólo me queda rezar
sobre esas tumbas -rezar como un niño-,
apretar el alma con los dientes
y dejar allí unas flores. Y un puñetazo
en la tierra, y en este silencio
de tantos, de muchos, de demasiados).
En tu cuerpo podría suicidarme
Inmolar entre tus manos mi figura.
Olvidar este aire que me habita
y quemarme en el infierno de tu boca.
Mi forma podría acostumbrarse
a tus dedos clavados como lanzas
a tu lengua ardiendo en la espesura
al confuso latido de tu carne
al placer de morir entre tus brazos.
En tu cuerpo podría suicidarme.
Inmolar entre tus manos mi figura.
Olvidar este aire que me habita
y quemarme en el infierno de tu boca.
Mi forma podría acostumbrarse
a tus dedos clavados como lanzas
a tu lengua ardiendo en la espesura
al confuso latido de tu carne
al placer de morir entre tus brazos.
En tu cuerpo podría suicidarme.
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