martes, agosto 28, 2012
Antaño
Antaño
Ayer el pasado
lleno de vino vertido de mil corazones
vino rojo como la sangre
noche de amor noche de belleza
sentada en mi regazo cual prisionera
del verde de mis ojos
Pegasos ilusos llenos de rencor
venid a mí ojos y agonizar en el mar de los Sargazos
aquí en mis rodillas
tan perfecta que era muerte
tan drástica como el asesinato maestro era suicidio
y la vida misma amargada
como cobarde levante el puño y la voz contra al justicia fui felón
sucio mezquinó puñetero niño,
corrí escondiéndome de las hechiceras,
con mi miseria y el cólera a las espaldas
las alas desgarradas fueron ceniza
aquí mi tesoro también
desvaneciéndose mi alma
el espíritu de la bestia antes feroz
ahora cobarde,
anda sin existencia precioso Milton mándame con tu Satanás
donde estrangulé todos
los vicios con la oportunidad de ser perdedor y sentirme el mas grande héroe
yo elegí mi derrota en este salto ecuánime
insistente tan hermoso
venid verdugos los llamo,
traed sus hachas o sus picas,
las alabardas y ballestas,
seré jabalí en día de caza,
y su alimento demonios
me convertiré en las 7 plagas bíblicas
las 9 nuevas en el mundo nuevo
mi sangre hará la arena roja que cubrirá el cielo
para hacerles noche de mil tiempos
y lloverá me haré el fango con el que construirán sus ciudades,
el viento que traerá la vos de sus muertos,
la locura de dios,
mi desdicha esta primavera
donde la sonrisa perfecta me ha envuelto en la filosofía babilónica
hablare arameo y conjugare verbos
para descifrar los astros esperando descubrir la llegada de los mil años
mil años donde tu y yo seamos uno
la perfección conjugada en un silogismo,
aves negras y blancas,
soles rojos y naranjados,
lunas de plata y ónice,
el tarot en todos u esplendor hablando
aquí de allá de un futuro
inicia la primavera ya nadie ríe
solo el idiota universal
aquel manchado a seguir
conjurando alivios noctámbulos…
El otro día no dormí
El otro día no dormí
y escribí algo;
miento solo escribí en un papel;
TE AMO,
TE EXTRAÑO,
DESEO VERTE...
Aun no me canso de jugar al amigo
Aun no me canso de jugar al amigo
de servir y procurarte
de insistir en ser alguien
que te pueda agradar,
creer que puedes salvarme
tan solo con mencionar gracias,
no será un perdón
soy malo y lo se
insistiendo en que mis lagrimas
algún día puedan salvarme del pasado,
de todo el egoísmo que tengo,
como es posible
que conozca a gente como tu,
tu que talvez puedas ser mi vida
mientras en tus ojos encuentro
la figura de alguien mas,
ni amigo o amante solo gente
que persigue una mentira,
ser un amigo que insiste en contemplar tus ojos
escribirte en cada pagina
y saludarte cada tarde que apareces,
quisiera olvidar que yo soy el tonto de las fábulas
que cree puede volar sin alas
o bajarte una estrella para hacerte sonreír
si solo soy un conocido mas
que no tiene nada que hacer
donde tu quieres estar...
miércoles, agosto 22, 2012
La Locura
yo soy Hellboy
diferente solitario,
una criatura de dos mundos,
y en ninguno aceptado
Impregnado de esta soledad y melancolía
propia de los outsiders.
una verdad que no me peudo guardar
Es eso Te quiero y mas, mucho mas.
Hoy es un nuevo dia
yo no quiero para que me quiera, yo no ayudo ni estoy o espero para que haga lo mismo, lo hago de amor puro y sincero, que no vale nada ni significa nada... que es solo mi sentir, pero mi forma de honrar mis sentimientos sera sin duda intentar ser el mejor y siempre que pueda decir te quiero aunque no importe, porque lo mio es real.
Mientras Meia lo teje, yo pienso en el destino.
Alrededor de la Tabla Redonda se crea un mundo previo a la perfección, el de la lucha por instaurar el orden perfecto, el sometimiento del mal, la formulación de las condiciones para la recuperación del paraíso terrenal, la cual se llevaría a cabo cuando la Tabla Redonda se completara teniendo el Santo Grial en el centro.
A donde me ire..
A donde me ire..
Desde su guitarra flamenca hasta el riff de la guitarra punk de el punk vasco, pasando por cantautores de padres hasta los mas indies o modernas, la música española me atrapa y me enigma es tan yo tanto me hace vibrar, es que es su folk, el poder de su heavy su siniestro y su pijillo pop, que se yo pero me gusta, sus ciudades vejas llenas de modernidad, sus parques y cementerios su cultura sus museos y castillos, su gente, sus modos y la comida, que ella sea de Barcelona y media gallega, pega todo eso, y afecta, son presagios son indicios son de los de mi corazón frutado que necesita ir a completar ese ciclo, con gusto iría a vivir allí...de que podría trabajar, podría estudiar foto, o cine, podría trabajar con la foto, no sé, al final soy mexicano y eso es un peso que no se que tanto importe. Pero yo sé que no soy ni de aquí ni de allá, mi alma y mi corazón están divididos por anda y no se sienten en ningún sitio.
En ocasiones tan a menudo he soñado con desfiladeros de finsiterra con cruces celtas y con el mar de Galicia, con el verde ancestral con el fin del mundo, he visto un caballero cansado y derrotado llegando allí y sonriendo muere porque cumplió su promesa en otras sueños ver el ocaso y la noche estrellada al sonido del mar, que se yo, estos augurios esta llamada de destino o mi obsesión… da igual yo lo siento dentro de mí en el palpitar de mi corazón y en la sonrisa que mi rostro se carga cuando pienso en todo ello. Tengo miedo hasta hace dos meses pensaba que me iría y todo estaría bien, en mis planes tenía ya preparado papeles y había ordenado dinero y cuestiones burocráticas para irme, ahora no se esos planes murieron mas no mi interés, aun deseo ir a Guijón, y visitar las herrerías en Toledo, ver la estatua de Lucifer en Madrid, admirar el mazinger z ser una moderna mas en Barna mientras camino con unas gafas de sol por la rambla, estar en El camino de Santiago y tantos otros sitios que podría describir por tantas lecturas y fotos que he visto pero jamás he tenido la oportunidad de respirar o sentir, tengo miedo de no ir nunca de quedarme encerrado, tengo miedo de perder lo poco que tengo aquí por la inmensidad del desconcierto, porque siempre he dicho que si yo me voy es porque no voy a volver, pero Juro que el miedo no me hará ceder, voy a ir ya me estoy moviendo a España…
Si el camino es difícil es porque vas en la dirección correcta
en los cuentos
Mirada divergente
Composiciones secretas que nacen del azar del tiempo atrapándolo en el lienzo, la imagen, la dualidad de la luz y las inquietas vibraciones del color.
Ser explorados por la mirada, es una experiencia inquietante que nos llena de desasosiego cuando no nos consideramos anónimos. Todo artista, en su cumulo de pasiones desea saberse existir en medio del mundo, a mitad de todo lo establecido y en la línea que divide lo real de lo fantástico, solo el receptor puede enunciar como conjuro, solo su mirada puede captarnos y atraparnos, la mirada a un artista o a varios dialogando entre si, en un metalenguaje de motivos, símbolos y actitudes, logra mostrar un submundo que parte de lo real para insertarse en el dialogo con lo cotidiano, el mundo aun espera ese suspiro que nos haga conmovernos con la más gratificante de las emociones, un grito, un aliento de miedo, un fragmento de alegría y un momento dulce, esa es nuestra mirada, esa es la forma con la cual observamos el mundo, y tal vez la mirada divergente de quien logra atraparse en el momento que robamos objetos del paisaje, intercambiables con cualquier otro objeto que se expusiera a la mirada del observador, sin más detenimiento e interés que el del puro pasear indiferente la vista de un lado a otro es la mirada escrutadora, la que se fija por más tiempo y dedicación a nosotros, averiguando qué somos, qué pretendemos ser o que nos gustaría ser.
Mirar es diferente de observar porque observar es un acto concierte, nuestras divergencias, son el retrato de algo profundo, algo que deambula entre nuestras sombras y nuestra luz, y quien pueda detenerse un momento y mirar sin observar, está invitado a quedarse dentro de la realidad que nuestras divergencias coexiste…
martes, agosto 21, 2012
Servește pentru
lunes, agosto 20, 2012
la explicación última de lo ocurrido
Desde el amanecer de la civilización hasta nuestros días, un interminable hilo conductor de dolor, soledad, desesperanza, auto despreció y agotamiento une a aquellos hombres y mujeres que, venciendo el instinto primario de conservación, se quitan la vida antes de llegar al fin natural de su existencia. Aunque el terror a la muerte es universal y nutre la necesidad humana de subsistir, es un hecho que en todas las culturas y pueblos un número relativamente constante de personas se matan intencionadamente. Según la Organización Mundial de la Salud, actualmente 1.200 hombres y mujeres se suicidan cada día en el mundo; por cada uno que se inmola 20 lo intentan sin éxito. La frecuencia del suicidio es tan previsible que algunos antropólogos sostienen que la inmolación del ser humano obedece al orden natural, al proceso evolutivo.
A pesar de siglos de reflexión y de los enormes avances que ha experimentado nuestro conocimiento sobre las motivaciones que guían el comportamiento de las personas, todavía es dificil explicar con certeza el suicidio, aunque este acto trágico supremo forma parte de la naturaleza humana tanto como el mismo deseo de vivir que parece negar. La razón más obvia de nuestra ignorancia es que no podemos examinar directamente la mente atormentada de los suicidas consumados. Dependemos exclusivamente de conjeturas retrospectivas de sus vidas pasadas. El suicidio está rodeado además de una espesa nube de tabú y superstición, y muy a menudo se esconde o se disimula, por lo que los datos oficiales no suelen reflejar toda la magnitud del problema.
A lo largo de la historia, el significado del suicidio ha variado considerablemente, dependiendo de los valores culturales del momento y, sobre todo, de la interpretación que se le ha dado a la vida y a la muerte. Cuando un antiguo egipcio se suicidaba, la muerte suponía el principio de su inmortalidad dichosa. Si el mismo individuo se hubiese inmolado durante la Grecia clásica o el Imperio Romano, su final habría sido celebrado como una demostración de sabiduría; o si, como tantos cristianos suicidas de la época, se hubiese enfrentado a sus perseguidores paganos, su martirio en el circo habría constituido el billete más rápido a la eterna felicidad. Igualmente, si este hombre hubiera optado por abrirse las entrañas según el rito del haraquiri en el Japón feudal, habría sido alabado como un samurai de honor y de principios.
Por el contrario, si este egipcio del pasado se hubiera autodestruido en una cultura imbuida por el cristianismo, como la Francia del siglo XVII, su cadáver habría sido arrastrado por las calles, colgado cabeza abajo a la vista pública para después ser arrojado a la pila de basura común. Mientras que si el acto final hubiese ocurrido en la Inglaterra de la misma época le habrían confiscado sus propiedades y después de atravesarle el corazón con una estaca se le habría enterrado en un cruce de caminos.
En 1897, el sociólogo francés Emile Durkheim pretendió derribar las barreras de indignación moral en tomo al suicidio al considerarlo un hecho social cuya incidencia responde al grado de desintegración social. A pesar de ésta y otras muchas explicaciones posteriores, aún no sabemos con seguridad por qué el índice de suicidios en Hungría es 20 veces más alto que en México, en Copenhague es el triple que en Nueva York, y en España se ha duplicado en la última década. Tampoco entendemos por qué en Estados Unidos los blancos se suicidan más que los negros, los ricos más que los pobres, o los lunes de primavera son los días más fatídicos.
En el fondo, la mayor incógnita es que, bajo las mismas condiciones sociales, unas personas se quiten la vida y otras no. En este sentido, a pesar de que la mitología clásica rebosa de inmolaciones femeninas -Yocasta se ahorcó al descubrir que se había casado con su hijo Edipo, Leukakas se arrojó al mar para evitar que Apolo la violara y Dido se apuñaló ante la pérdida de su amante-, la evidencia estadística general de muestra contundentemente que la incidencia del suicidio entre las mujeres es tres veces menor que en los hombres. Este hecho quizá se explique por la legendaria misión de la mujer como protectora de la sustentación de la vida, o su profunda antipatía hacia la violencia.
A simple vista, el suicidio parece un desprecio a las leyes de la naturaleza, un insulto supremo a la solidaridad humana, aunque con frecuencia es el recurso más desesperado y patético de la locura. Hoy sabemos que bastantes suicidios se deben a depresiones profundas producidas por alteraciones biológicas cerebrales relacionadas con niveles bajos de ciertas sustancias transmisoras de impulsos nerviosos, como la serotonina. Estos trastornos son reversibles con medicamentos. La tragedia de estos casos es que el doliente no reciba el debido tratamiento curativo. Para los psicoanalistas, el suicidio es una especie de autoasesinato, un homicidio invertido en el que el odio dirigido a otra persona es desviado hacia uno mismo. Sigmund Freud consideró en 1913 que "el impulso suicida es siempre un autocastigo por el deseo de matar a otro". Otras fuerzas de autodestrucción incluyen el afán de venganza, la necesidad de escapar de una humillación, el deseo de expiar una culpa, el anhelo de unirse con alguien querido ya muerto, o el ansia de una nueva vida. Para alcanzar estas metas, unos se arrojan desde las alturas, se pegan un tiro, se ahorcan o se envenenan. Otros se inmolan escalando montañas o buscando experiencias peligrosas. También hay quien simula accidentes o provoca a alguien para que actúe de verdugo.
Al igual que Demóstenes, Sócrates, Cleopatra, Séneca y otros grandes suicidas de la historia, en la Norteamérica de hoy y de ayer existe un panteón mítico dedicado a Ernest Hemingway, Marilyn Monroe, Judy Garland, Elvis Presley y Kurt Cobain, todos muertos de sobredosis de drogas y de fama. Todos con sus vidas marcadas casi tanto por su trágico final como por el impacto de su obra. Pero igualmente existen millones de suicidas anónimos que ni las autoridades ni las estadísticas aceptan como tales porque la muerte es emocional y no física. Me refiero a las amas de casa paralizadas en su infelicidad, a los burócratas aburridos, a las parejas en bancarrota afectiva, a los narcisistas ensimismados, a los alcohólicos disimulados, a los adolescentes drogadictos, a las anoréxicas enajenadas y a quienes viven aletargados, sumergidos en el cinismo, la desidia y la rutina.
El suicidio es la muerte más cruel para los que se quedan detrás. A través de los tiempos, una línea imborrable de culpabilidad, pena, traición, desconcierto y desolación ha vinculado a los supervivientes. Al pasar, los suicidas dejan sin querer un rastro denso y contagioso de nulidad. Su acto privado de negación conmueve nuestro frágil sentido de la existencia y nos hace sentirnos más indefensos ante la nada. Alguien ha dicho que quienes se quitan la vida no cumplen con las reglas del juego, se van de la fiesta demasiado pronto y dejan al resto de los invitados penosamente incómodos.
En el fondo, los vacíos que dejan los seres cercanos que se mueren definen quiénes somos los que nos quedamos. Con el tiempo, los paisajes de nuestras vidas se llenan de cráteres, como la superficie de la Luna; pero el cráter que causa el suicidio es doblemente profundo, es más doloroso aún que la muerte natural de la persona querida. De hecho, son muchos los que no logran superar la inmolación de un allegado, y aunque paulatinamente sus vidas vuelven a la normalidad, la normalidad es ahora diferente. Pienso que la razón principal es que no encuentran la respuesta al porqué, nunca logran la explicación última de lo ocurrido. Pues la lógica del suicidio es como el argumento indescifrable de una pesadilla: un enigma.