Dice Eurípides:
El furor báquico tiene un gran poder profético.
Cuando el dios entra abundante en el cuerpo, hace que los posesos
predigan el futuro. Y, a veces, desempeña el poder de Ares reservado.
Tal ocurre cuando un miedo súbito desbanda… a un ejército con las armas
en la mano… Locura es ésta que también procede de Dioniso Nazim Hikmet
(1902-1963)
martes, junio 14, 2016
lunes, junio 13, 2016
Hoy que la enfermedad se apodera de mi, cuando mas yace voluntariosa
sobre mi corazón y me agota... pienso en el mas grande Heroe que ha
existido; Alejandro Magno... Hoy hace siglos Moriría convirtiendose en
ese puente que une lo divino y lo humano.
Alejandro Magno,
construyó en sólo 13 años uno de los mayores imperios de la humanidad:
conquistó el imperio Persa y se hizo con un dominio que se extendía por
la Hélade, Egipto, Anatolia, Oriente Próximo y Asia Central, llegando a
conquistar parte de la India. Era el hombre más poderoso de la tierra,
pero en el año 323 a.C, cuando le faltaba poco más de un mes para
cumplir 33 años, murió víctima de una extraña enfermedad y en unas
circunstancias muy oscuras, que delicia pensar en que podría morir como
Alejandro que delicia...
Este es la última carta que te escribo,
reapareceré cualquiera de estos domingos en la esfera gastada de tus sueños.
No olvides que mis palabras son sombras que cruzan los espejos de tu infancia;
Antiguas mañanas se hacen sólidas en los sueños que surgen de sus letras.
Esta es la última carta que te escribo,
Desde el silencio, que es mi patria la envío,
La remito a tus ojos que sólo anhelan jardines de oriente.
Con el alma fervorosa he intentado escribir la líquida luz de tus faroles.
Recuerda que el amor es lento en regresar
pero siempre retorna, como el viejo y cansado Ulises
a su Itaca inmortal.
Esta es la última carta que te escribo,
¿Cuántas palabras, cuántos relojes, cuántos hombres y mujeres entre tú y yo?
Me despido desde mi áspera orilla
a través de signos que brotan de mi corazón
y caen y se desvanecen entre estas líneas.
reapareceré cualquiera de estos domingos en la esfera gastada de tus sueños.
No olvides que mis palabras son sombras que cruzan los espejos de tu infancia;
Antiguas mañanas se hacen sólidas en los sueños que surgen de sus letras.
Esta es la última carta que te escribo,
Desde el silencio, que es mi patria la envío,
La remito a tus ojos que sólo anhelan jardines de oriente.
Con el alma fervorosa he intentado escribir la líquida luz de tus faroles.
Recuerda que el amor es lento en regresar
pero siempre retorna, como el viejo y cansado Ulises
a su Itaca inmortal.
Esta es la última carta que te escribo,
¿Cuántas palabras, cuántos relojes, cuántos hombres y mujeres entre tú y yo?
Me despido desde mi áspera orilla
a través de signos que brotan de mi corazón
y caen y se desvanecen entre estas líneas.
Si se habla de las viudas del golf, ¿puedo hablar yo de las viudas
místicas? Esto es, de las chicas o de las señoras que van a misa sin sus
maridos que, con todo su derecho, tendrán sus creencias u otras cosas
que hacer. Yo, como voy mucho a misa y me distraigo bastante, tengo a
algunas localizadas y, aunque sé que es imposible, cómo me gustaría
decirle a sus maridos que nunca están más guapas que allí, radiantes,
bajo la luz del mundo, rezando. Por ellos, precisamente, entre otras
cosas, supongo.
Amor a raudales, Lope de Vega
No sabe qué es amor quien no te ama…
No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, esposo bello,
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la palma enrama.
Tu boca como lirio, que derrama
licor al alba, de marfil tu cuello;
tu mano en torno y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.
¡Ay Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?
Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que aun hora amando
venza los años que pasé fingiendo.
domingo, junio 12, 2016
Los libros me observan. Y yo a ellos. De estante en estante siento su
reojo, su llamada. Las "Sonatas" de Valle-Inclán, y la prosa de Cernuda.
Esas memorias de Cansinos Assens ("La novela de un literato"), tan
querido por Borges, y esa edición de los "Cantos pisanos" del gran
Pound, que compré en México D.F. hace ya media vida. Y desde una portada
no me quita la vista de encima Eliot, y poco después me detengo en
todos esos nutridos tomos de Pizarnick, o en aquella biografía de Baroja
-la espléndida de Sebastián Juan Arbó que compré por cinco duros a un
gitano. Y Dumas, Delibes, Paz, Montaigne, Bloy, Montale... ¡Tantos
libros! Mi vida en su compañía. Su compañía: mi vida. Me reconozco un
biblioenamorado que se sienta ante sus libros y respira de nuevo con
alivio, feliz.
sábado, junio 11, 2016
Es
Acaso, que los días nublados te llevan a la añoranza? o como es ese
fenómeno de nostalgia... es sábado y no parece sábado, pero los
chilaquiles que tal saben? oh por dios las sanguijuelas pase años sin
poder meterme a un rio por que ya sabes las sanguijuelas muerden, ese
Corey es un autentico cazador de monstruos, comenzó persiguiendo
gremlins, sobrevivió a Freddy Krugger, cazo vampiros, descubrió un
autentico barco pirata y fue uno de los amigos mas fieles embarcándose
en la aventura, sin importar que el cadáver o la sombra de la muerte
estuviera presente, el siguió, que bueno es regresar a esa edad, la
edad donde las aventuras nos demostraban que no se puede emprender solo
el camino y si se hace pronto encontraras a la pandilla que te acompañe,
quiero regresar a esa edad, no ser niño, si no mas bien para volver a
maravillarme con las películas de Corey como si fuera la primera vez,
claro que te entiendo, es ahora momento de poner a los Goonies.
viernes, junio 10, 2016
mis estrellas
sembradas en un puñado de arboles,
tallar la madera y escuchar el viento
en la suerte nupcial de la ofrenda y la desilusión,
fuego que renace de dentro de mi corazón
ilumina la noche purpura
siempre estoy solo…
creyente inmoral y sádico
no doy para mas y caeré,
porque el pez me devora
las alas de mariposa
la tierra me ofrece una venganza si guardo
mis huesos feos dentro del olvidado
hueco que han cavado
para dormir por siempre.
sembradas en un puñado de arboles,
tallar la madera y escuchar el viento
en la suerte nupcial de la ofrenda y la desilusión,
fuego que renace de dentro de mi corazón
ilumina la noche purpura
siempre estoy solo…
creyente inmoral y sádico
no doy para mas y caeré,
porque el pez me devora
las alas de mariposa
la tierra me ofrece una venganza si guardo
mis huesos feos dentro del olvidado
hueco que han cavado
para dormir por siempre.
miércoles, junio 08, 2016
Hay una pintura que no conozco en absoluto solo en foto, hasta que ponga un pie en el Museo de Orsay, siempre me impactó fue precisamente La jeune fille et la mort, de Marianne Stokes, una
alegoría de La muerte y la doncella de Franz Schubert, que, a su vez,
había trabajado aquí una variación del tema de la danza macabra
medieval. Schubert trabajó el asunto primero en un Lied, en 1817, y
después en el famoso cuarteto de cuerdas, en 1824.
Ante la imagen ofrecida por Stokes, lo inevitable es una sensación desesperada, hasta cierto punto trágica, igualmente dulce: la muerte está ahí, no importa la belleza, la juventud, ni siquiera la probable alma buena de la doncella: ha llegado su tiempo, un tiempo impostergable, la mano del espectro lo reitera. Al parecer, Schubert había inspirado su Lied en un poema de Matthias Claudius, la adaptación de Schubert se titula La canción de la muerte:
Das Mädchen:
Vorüber! Ach, vorüber!
Geh, wilder Knochenmann!
Ich bin noch jung! Geh, lieber,
Und rühre mich nicht an.
Und rühre mich nicht an.
Vorüber! Ach, vorüber!
Geh, wilder Knochenmann!
Ich bin noch jung! Geh, lieber,
Und rühre mich nicht an.
Und rühre mich nicht an.
Der Tod:
Gib deine Hand, du schön und zart Gebild!
Bin Freund, und komme nicht, zu strafen.
Sei gutes Muts! ich bin nicht wild,
Sollst sanft in meinen Armen schlafen!
Gib deine Hand, du schön und zart Gebild!
Bin Freund, und komme nicht, zu strafen.
Sei gutes Muts! ich bin nicht wild,
Sollst sanft in meinen Armen schlafen!
La doncella:
¡Pasa de mí!, !Oh, pasa de mí!
¡Vete, fiero esqueleto!
¡Aún soy joven! Vete, querido,
Y no me toques.
Y no me toques.
¡Pasa de mí!, !Oh, pasa de mí!
¡Vete, fiero esqueleto!
¡Aún soy joven! Vete, querido,
Y no me toques.
Y no me toques.
La muerte:
Dame tu mano, preciosa y tierna figura
Soy un amigo, y no he venido a castigar
Ten buen ánimo, no soy fiero
¡Delicada has de dormir en mis brazos!
Dame tu mano, preciosa y tierna figura
Soy un amigo, y no he venido a castigar
Ten buen ánimo, no soy fiero
¡Delicada has de dormir en mis brazos!
Cuando volvo a verla, un par de veces más, meses después, la sensación
inicial fue la misma: una tensión del tiempo, contraste entre lo efímero
de la doncella y la eternidad de la muerte, pero algo había cambiado.
Me di cuenta que, contrario a lo que parece, contrario al "contenido"
mortífero del tema, la joven estaba a salvo, nunca sería tocada por la
sombría figura. Es irónico el modo en que los cuadros más severos y
serios, al escucharlos con cuidado, cambian de semblante: el cuadro en
realidad se burla de nosotros, ambos: la muerte y la doncella son
cómplices aquí, pues son eternos, o si no eternos, al menos mucho más
longevos que nosotros, las obras de arte –al igual que los dioses–
tienen una esperanza de vida cifrada en siglos y milenios, frente a
ellos, nuestra vida es la que se pudre en un abrir y cerrar de ojos.
Ante la imagen, probablemente, del otro lado del marco, la situación sea
la misma y a la vez la opuesta. Son los espectadores los que están al
borde de la muerte, no la doncella. Lo que me recuerda esto que dice
Georges Didi-Huberman:
«Ante una imagen –tan antigua como sea–,
el presente no deja jamás de reconfigurarse por poco que el desasimiento
de la mirada no haya cedido del todo el lugar a la costumbre infatuada
del "especialista". Ante una imagen –tan reciente, tan contemporánea
como sea–, el pasado no cesa nunca de reconfigurarse, dado que esa
imagen sólo deviene pensable en una construcción de la memoria, cuando
no de la obsesión. En fin, ante una imagen, tenemos humildemente que
reconocer lo siguiente: que probablemente ella nos sobrevivirá, que ante
ellas somos el elemento frágil, el elemento de paso, y que ante
nosotros ella es el elemento del futuro, el elemento de la duración. La
imagen a menudo tiene más de memoria y más de porvenir que el ser que la
mira.»
Es increíble el tono utópico de este texto ante los días que corren. Uno
pensaría que pocas veces tuvimos tantas opciones como ahora, pero
resulta que sólo estamos al tanto del abanico de vidas que no queremos
vivir (padecer) por saberlas al riesgo de la supresión por parte de este
régimen práctico y simbólico en el que estamos. Veo la respuesta de
otras generaciones, sobre todo gente que pasa de los 35-40, y envidio la
determinación y la rabia que los movía y empuja todavía a
no ser totalmente subordinados a este mundo empobrecido de experiencia.
Escucho a la gente quejarse, pero siguen prestando sus potencias a una
red de instituciones ante las cuales se saben víctimas, pero nos
conformamos con el corral en el cual se nos permite gozar ya castrados
nuestros deseos. Guattari dice: «Ya no podemos soportar que se nos robe
nuestra boca, nuestro ano, nuestro sexo, nuestros nervios, nuestros
intestinos, nuestras arterias… para hacer las piezas y las labores de la
innoble mecánica de la producción del capital, de la explotación y de
la familia.», pero lo hacemos, lo permitimos más que nunca: hoy día todo
el mundo quiere una familia: con sus espos@s, los hijos que entregarán a
esta tradición de atropellos, sus mascotas convertidas en personas
decentes y hasta piadosas. La familia se ha colado hasta ahí donde el
deseo era, en otro tiempo, un acto creador de potencias subversivas y
joviales. Somos la tía, hermana o madre de nuestras amigas jotas, ¡cómo
sí los cuerpos sólo pudieran pasar por ese régimen de inscripción! Ante
la posibilidad de una relación afectiva cifrada en términos menos
objetivantes, siempre volteamos a ver primero en qué medida la apertura
mina nuestra propiedad privada. Generalmente trato de mantenerme al
margen del discurso de la denuncia crítica porque me parece un tanto
trágico y otro tanto neutralizado, pero hay días, como este, en el que
me causa algo intermedio entre la nostalgia y el asco, ver lo fresas y
mutuo-persecutorios, lo subordinados y cómodos que estamos con este
mundo. No siempre creo en otro mundo de posibles, hay tardes en las que
sólo veo la proliferación de cuerpos y deseos tan bien castrados que ya
no les importa saber con certeza a qué Amo sirven.
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