sábado, enero 23, 2010

UBI EST, MORS, VICTORIA TUA

Existe la convicción entre la población de la Edad Media de la existencia de otra vida, la vida eterna, tras el tránsito, por lo que temen fallecer sin aviso, repentinamente, y verse privados de un tiempo precioso para repartir sus bienes, avalar la buena convivencia familiar y arreglar los trámites del Más Allá, es decir, asegurarse el arrepentimiento final y el cumplimiento de ritos y ayudas para que su alma se garantice el purgatorio.

En el Más Allá existe el paraíso o el infierno que constituyen los dos destinos extremos, que han sido únicos durante mucho tiempo para los cristianos, si bien a partir del siglo XIII adquiere fuerza la idea de un tercer lugar, el purgatorio, intermedio entre ambos, donde las almas que necesitan un tiempo de expiación para acceder a la gloria aguardan y se benefician de los actos piadosos hechos en la tierra, según la concepción de los santos. También en estos momentos se formula la existencia del limbo como lugar particular para las almas de los niños no bautizados.

Además, existe un convencimiento generalizado en la resurrección tras el juicio final, que se manifiesta en buscar para el enterramiento la compañía de sus muertos, de sus personas más queridas, junto a las cuales se quiere despertar un día. En los pueblos y aldeas, los testadores solicitan ser enterrados en el cementerio de la iglesia parroquial, lo que les "garantizaba" ya una compañía conocida.

Está muy extendido el culto a determinados santos, santa Bárbara, santa Ana o san José, como protectores frente a la muerte súbita, o San Cristobalón, presente en todas las iglesias junto a la puerta de salida, como encargado del tránsito, al que se le pide lentitud en el traslado del alma.

En el siglo XV comienza a difundirse el Ars Moriendi, cuyas ediciones impresas y traducidas a las lenguas vernáculas, lo presentan como "Arte del bien morir" y cuya finalidad queda expuesta en este proemio: "La más espantable de las cosas terribles sea la muerte, empero en ninguna manera se puede comparar a la muerte del ánima", para lo cual se da una serie de consejos, acompañados de grabados ilustrativos, que faciliten la confesión completa y ayuden a alcanzar la salvación con una buena muerte. La muerte cristiana al final de la Edad Media no es una muerte solitaria, sino un acto social al que deben acudir amigos y parientes para ayudar a la persona que muere.

La muerte se constituye así en un acto de solidaridad, de ayuda mutua, que no acaba con la expiración, sino que los que todavía permanecen en el mundo deben ocuparse de los muertos a través de mandas piadosas, y muchas misas. Junto a ello se debe dar limosnas a las iglesias y capillas, dar de comer o vestir a los pobres, aliviar penas de cautivos, enfermos o locos, a contribuir al casamiento de huérfanas pobres, etc. Esto dependerá de la capacidad económica del difundo. El dinero se convierte en un argumento para alcanzar la salvación.

En la Edad Media la muerte nunca fue acompañada de caracteres macabros. Sería en los últimos siglos cuando aparecen aspectos tétricos, motivados sin duda por la difusión de la Peste Negra y las epidemias, hambrunas y devastadoras guerras que sacudieron la Baja Edad Media. En las ciudades se desarrollaría incluso la idea de muerte-espectáculo.

Tal como ocurre hoy en día, la muerte se presenta a lo largo de la Edad Media como la última acción igualitaria sobre la sociedad (lo que no era cierto, en teoría, pues la posición social y la economía condiciona la salvación). La muerte se presenta como un acto de la vida cotidiana y existe una visión menos temerosa ante ella. Esto desaparecerá de las culturas posteriores.


jueves, enero 21, 2010

recordó a Arturo, habló de Arturo, lloró por Arturo. El mundo es más limpio hoy

miércoles, enero 20, 2010

Acercarse a las «Confesiones» de San Agustín y sintonizar con su mensaje no ha sido nunca, y menos ahora, un ejercicio de pura erudición consistente en buscar el futuro en el pasado, sino la constatación obligada y contagiosa de la inquietud radica...l del hombre en la búsqueda de la verdad, de la felicidad, de Dios. Por eso las «Confesiones» agustinianas −uno de los grandes «best-seller» de todos los tiempos− no han perdido nada de su frescor y espontaneidad originarios.

Hoy como ayer sigue teniendo vigencia universal el valor de la experiencia íntima de Dios, de ese Dios que anda por nuestra vida y que es la clave interpretativa del misterio biológico y espiritual del hombre. La trayectoria agustiniana sigue marcando hitos concretos que continúan siendo válidos en nuestra era de la posmodernidad como respuesta a las preguntas radicales de la existencia humana y como encuentro, siempre antiguo y siempre nuevo, con el Padre que Jesucristo nos ha revelado.

lunes, enero 18, 2010

Es aniversario de Rubén Darío. ¿Qué sería la lengua sin él?
El audio no muy bueno, esta lectura de Machado ilustra su privilegiada recepción.

jueves, enero 14, 2010

la Patrística

Tres figuras dominan el horizonte de la Patrística: San Agustín, Orígenes y San Ireneo. La producción del último, inmensamente inferior en cantidad a la de los dos primeros, parecía señalarle como el más indicado para ediciones, version...es y estudios de toda índole. No es así. Abundan artículos sobre puntos concretos, pero escasean estudios globales que se ex-tiendan con uniformidad sobre su dogmática. Es un autor difícil. Perdióse el texto original. Afortunadamente, sus antiguas versiones ofrecen garantías suficientes.

Su magna obra —el llamado Adversus haereses-- arranca del estudio personal de los sectarios por Ireneo. De aparente sesgo polémico, el Adversus haereses es tal vez la obra doctrinalmente más densa de la Antigüe-dad cristiana. Al socaire de anotaciones al parecer polémicas, desarrolla multitud de temas dogmáticos, de inusitada hondura y coherencia. La dificultad reside en precisar las ideologías contrastantes.

La documentación gnóstica hasta hoy conocida, aunque fragmentaria, era de un tecnicismo perfecto; mas, por su extraño lenguaje mítico, no invitaba al estudio con garantías de éxito. De ahí el problema del método. Análisis antes que síntesis. Atención singular a lo teológico (cristiano), sin distraerse al sincretismo. Estudios sobre los gnósticos los había buenos; con base literaria indirecta, no muy copiosa, técnicamente válida, pero orientados hacia el comparatismo. Trabajos sobre San Ireneo tampoco faltaban; pero autónomos, no abiertos a las ideologías heterodoxas. La biblioteca gnóstica de Nag Hammadi ha ampliado últimamente las bases literarias, con aportaciones positivas en el campo dogmático y de exégesis escrituraria. Lo que permite definir mejor las tesis combatidas por el Santo.

PUNTOS CENTRALES DE LA FE

PUNTOS CENTRALES DE LA FE

Llamo "Puntos centrales de la fe" a los trabajos que alberga un volumen de la BAC, porque todos ellos apuntan a lo esencial de la verdad cristiana desde enfoques y ángulos muy diferentes. No pretende el encerrar la riqueza de la fe en una sistematización transparente y exhaustiva.

Por lo tanto, no contienen una dogmática plenamente elaborada o una moral cristiana completa, sino una reflexión esclarecedora y existencialmente estimulante sobre las verdades fundamentales de nuestra fe, llevada a cabo desde la ribera de nuestro tiempo, con la intención de responder a las urgencias del momento eclesial presente, y subrayando en cada una de las cuestiones planteadas la auténtica peculiaridad cristiana, contra todo reduccionismo y simplificación empobrecedores.

La catolicidad de la Iglesia, como apertura radicada en el Absoluto desde el corazón de la Cruz y de la Resurrección. El catolicismo, concluye Urs von Balthasar, se halla doquiera la Iglesia es Cuerpo santo de Cristo, dócil a todas las indicaciones de su Cabeza.

El misterio insondable de Jesús, Palabra del Padre que se hizo carne y, por ello, fundamento del «admirable intercambio» entre Dios y el hombre, que culmina en el momento de la Cruz. A este momento se ordena la Eucaristía, actualidad permanente en todos los tiempos del único e irrepetible sacrificio de Cristo. Y junto al sacrificio del Hijo, el incomparable sacrificio de María, figura ideal de la Iglesia.

Las consecuencias que las verdades expuestas tienen para la vida del creyente, unos cuantos puntos centrales de la moral cristiana, que en nuestros días revisten especial vigencia: el Evangelio como norma y criterio de toda espiritualidad, el tema de la dignidad de la mujer, el carácter específico de la mística cristiana y, por último, la conexión íntima entre martirio (testimonio) y misión, que constituye la ley del seguimiento de Cristo. El testigo de la fe que cumple auténticamente su misión será más eficaz que centenares de misioneros profesionales diluidos en la rutina

domingo, enero 10, 2010

miércoles, enero 06, 2010

Parece mentira que la historia de los Reyes Magos y su roscón se remonten a tantos siglos atrás y cómo ambas se han ido modificando con el trascurso del tiempo. Los Reyes Magos, que en su inicio y según San Mateo (el único evangelista que los menciona) no eran ni reyes ni queda claro que fueran tres (hay una antigua leyenda sobre Artabán, el cuarto mago, que se extravió al seguir la estrella y nunca llegó a su destino), probablemente ni siquiera fueran realmente magos. Al menos teniendo en cuenta lo mal vista que estaba la magia, a la que se asociaba con el mal y la hechicería. Se piensa que quizás fueran sabios, puede que astrólogos, que estudiaban la posición de los astros e interpretaron en ellos el nacimiento de Jesús. Lo único que se menciona de ellos es que venían de oriente. No fue hasta entrado el siglo III que la Iglesia les concedió las coronas y los reinos (siendo reyes lo de "magos" tiene menor importancia) En el siglo VI fue cuando los Reyes Magos comenzaron a traer regalos en el día festivo de la epifanía, y también cuando se asignaron sus nombres actuales: Melchor ("Malk-i-or", en hebreo "Rey de Luz"), Gaspar ("Gans-bar", en persa "guardián del tesoro") y Baltasar ("Baal-at-saar" en asirio "el protegido de Baal). Estos nombres aparecen por primera vez bajo tres figuras de un mosaico italiano que ofrecen tesoros a una mujer con un niño en el regazo. Finalmente en los siglos venideros se fueron afianzando las diferentes tradiciones, por ejemplo, en todos los países latinos incluyendo el nuestro, deben dejarse los zapatos bien limpios para que los reyes reconozcan a cada niño y le dejen los regalos correctos, y para los malos... carbón!
En cuanto al roscón, parece que sus orígenes se remontan a la celebración romana del mes del dios Jano (Enero), en el que se realizaba una torta con una ofrenda en su interior. Esta costumbre dejó huella especialmente en Francia, derivando en la "Fiesta del haba": el que encontraba el haba se convertía en "rey por un día". Cuenta la leyenda que un pastelero dedicó una de estas tortas al rey de Francia, pero le dio apuro poner en su interior un simple fruto y en su lugar puso una valiosa joya. Así comenzó la tradición de introducir en el pastel una moneda o regalo, y esta es la costumbre que llegó a España de la mano de Felipe V, nacido en Francia.


Auto de los Reyes Magos


Anónimo


[Nota preliminar: Edición digital a partir de la de Ramón Menéndez Pidal en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, IV, 1900, pp. 453-462; reed. en Textos medievales españoles (Madrid, Espasa Calpe, 1976, pp. 171-177), fijada según las aportaciones de Ricardo Senabre («Observaciones sobre el texto del Auto de los Reyes Magos», en Estudios ofrecidos a Emilio Alarcos Llorach, vol. I, Oviedo, Universidad de Oviedo, 1977, pp. 417-432) y cotejada con las ediciones críticas de Ana Mª Álvarez Pellitero (Madrid, Espasa Calpe, 1990) y Ronald E. Surtz (Madrid, Taurus, 1992).




[Escena I]

[CASPAR]

[Solo.]

¡Dios criador, cuál maravila,
no sé cuál es aquesta strela!
Agora primas la he veída;
poco tiempo ha que es nacida.
¿Nacido es el Criador 5
que es de la[s] gentes Senior?
Non es verdad, no sé qué digo;
todo esto non vale un figo.
Otra nocte me lo cataré,
si es verdad bine lo sabré. 10

[Pausa.]

¿Bine es verdad lo que yo digo?
En todo, en todo lo prohío.
¿Non pudet seer otra sennal?
Aquesto es i non es ál;
nacido es Dios, por ver, de fembra 15
in aquest mes de december.
Alá iré; ó que fure, aoralo he;
por Dios de todos lo terné.
[BALTHASAR]

[Solo.]

Esta strela non sé dónd vinet,
quín la trae o quín la tine. 20
¿Por qué es aquesta sennal?
En mos días non vi atal.
Certas nacido es en tirra
aquel qui en pace y en guerra
senior ha a seer da oriente 25
de todos hata in occidente.
Por tres noches me lo veré
y más de vere lo sabré.

[Pausa.]

¿En todo, en todo es nacido?
Non sé si algo he veído. 30
Iré, lo aoraré,
y pregaré y rogaré.
[BALTHASAR]

[Solo.]

Val, Criador, atal facinda
¿fu nuncas alguandre falada
o en escriptura trubada? 35
Tal estrela non es in celo,
d'esto só yo bono strelero.
Bine lo veo sines escarno
que uno omne es nascido de carne,
que es senior de todo el mundo, 40
así cumo el cilo es redondo.
De todas gentes senior será
y todo seglo jugará.
¿Es? ¿Non es?
Cudo que verdad es. 45
Veerlo he otra vegada,
si es vertad o si es nada.

[Pausa.]

Nacido es el Criador
de todas las gentes mayor.
Bine lo veo que es verdad; 50
iré alá, por caridad.


[Escena II]

[CASPAR]

(A BALTHASAR.)

¿Dios vos salve, senior? ¿Sodes vos strelero?
Dezidme la verdad, de vós sabelo quiro.
[¿Vedes tal maravilla?]
[Nacida] es una strela.
[BALTHASAR]
Nacido es el Criador, 5
que de las gentes es senior;
iré, lo aoraré.
[CASPAR]
Yo otrosí rogar lo he.
[MELCHIOR]

[A los otros dos.]

Seniores, ¿a cuál tirra, ó queredes andar?
¿Queredes ir conmigo al Criador rogar? 10
¿Avedes lo veído? Yo lo vo aorar.
[CASPAR]
Nós imos otrosí, si l' podremos falar.
Andemos tras el strela, veremos el logar.
[MELCHIOR]
¿Cúmo podremos provar si es home mortal,
o si es rey de terra o si celestrial? 15
[BALTHASAR]
¿Queredes bine saber cúmo lo sabremos?
Oro, mira i acenso a él ofreceremos;
si fure rey de terra, el oro querá;
si fure omne mortal, la mira tomará;
si rey celestrial, estos dos dexará, 20
tomará el encenso que l' pertenecerá.
[CASPAR
y MELCHIOR]
Andemos y así lo fagamos.


[Escena III]

[CASPAR]

[Y los otros dos Reyes a HERODES.]

¡Salve te el Criador, Dios te curie de mal!
Un poco te dizeremos, non te queremos ál.
[MELCHIOR]
Dios te dé longa vita i te curie de mal.
[BALTHASAR]
Imos in romería aquel rey adorar
que es nacido en tirra, no l' podemos fallar. 5
[HERODES]
¿Qué decides, ó ides, a quin ides buscar?
¿De cuál terra venides, ó queredes andar?
Decidme vostros nombres, no m' los querades celar.
[CASPAR]
A mí dizen Caspar,
est'otro Melchior, ad aquest Balthasar. 10
Rey, un rey es nacido que es senior de tirra,
que mandará el seclo en grant pace sines g[u]er[r]a.
[HERODES]
¿Es así por verdad?
[CASPAR]
Sí, rey, por caridad.
[HERODES]
¿Y cúmo lo sabedes? 15
¿La provado lo havedes?
[CASPAR]
Rey, vertad te dizremos
que provado lo havemos.
[MELCHIOR]
Esto es grand maravila,
un strela es nacida. 20
[BALTHASAR]
Sennal face que es nacido
y in carne humana venido.
[HERODES]
¿Quánto ý ha que la vistes
y que la percibistis?
[CASPAR]
Tredze días ha, 25
y mais non haverá,
que la havemos veída
y bine percibida.
[HERODES]
Pus andad y buscad
y a él adorad, 30
y por aquí tornad.
Yo alá iré
y adoralo he.


[Escena IV]

[HERODES]

[Solo.]

¡Quín vio numcas tal mal,
sobre rey otro tal!
Aún non só yo morto,
ni so la terra pusto!
¿Rey otro sobre mí? 5
¡Numcas atal non vi!
El seglo va a çaga,
ya non sé qué me faga;
por vertad no lo creo
ata que yo lo veo. 10
Venga mío maiordoma
qui míos haveres toma.

[Sale el MAYORDOMO.]

Idme por míos abades
y por míos podestades
y por míos scribanos 15
y por míos gramatgos
y por míos streleros
y por míos retóricos;
dezir m'han la vertad, si yace in escripto
o si lo saben elos o si lo han sabido. 20


[Escena V]



[Salen LOS SABIOS de la corte.]

[LOS SABIOS]
Rey, ¿qué te plaze? Henos venidos.
[HERODES]
¿Ý traedes vostros escriptos?
[LOS SABIOS]
Rey, sí, traemos,
los mejores que nós havemos.
[HERODES]
Pus catad, 5
dezidme la vertad,
si es aquel omne nacido
que estos tres rees m'han dicho.
Di, rabí, la vertad, si tú lo has sabido.
[EL RABÍ]
Por veras vo[s] lo digo 10
que no lo fallo escripto.
[OTRO RABÍ]

(Al 1.º)

Hamihala, ¡cúmo eres enartado!
¿Por qué eres rabí clamado?
Non entendes las profecías,
las que nos dixo Jeremías. 15
¡Par mi ley, nos somos erados!
¿Por qué non somos acordados?
¿Por qué non dezimos vertad?
[RABÍ 1.º]
Yo non la sé, por caridad.
[RABÍ 2.º]
Porque no la havemos usada. 20
ni en nostras vocas es falada.

lunes, enero 04, 2010

Apreciados/as colegas,

A continuación os facilitamos información sobre:

Estimados colegas:

Reciban un cordial saludo desde Zacatecas y mis mejores deseos para el 2010.

La Asociación Zacatecana de Estudios Clásicos y Medievales AZECME y el Cuerpo
Académico Estudios de historia institucional, política y social de la Nueva
España de la Universidad Autónoma de Zacatecas, los invitan a participar en
la publicación colectiva "Pasado, presente y porvenir de las humanidades y las
artes" vol. III (sección profesores invitados, área de Historia medieval).

Las colaboraciones deberán consistir en trabajos de investigación inéditos
en vías de conclusión, o bien ya concluidos, que aborden el período medieval
cuya temática se inscriba dentro del ámbito de la historia, las humanidades y
las artes.

Los requisitos para la recepción y aceptación de trabajos, se remiten en
datos adjuntos. Cualquier información adicional quedo a sus órdenes.

Atentamente,

Dra. Diana Arauz Mercado.
AZECME, Asociación Zacatecana de Estudios Clásicos y Medievales,
www.azecme.org

Zacatecas, México, enero de 2010.

Yo enciendo este fuego en tu honor Diosa Madre Tu creaste la vida de la muerte; calor del frio; Yo te aclamo Diosa Madre! El Sol vive una vez mas; el tiempo de luz esta aumentando Bienvenido mi querido Dios del Sol Grandioso Dios del Sol, Te doy la bienvenida, Que tu brillante luz ilumine nuestra Diosa Madre, Que tu b...rillante luz ilumine nuestra Tierra, Sembraremos nuestras semillas y fertilizaremos la tierra

viernes, enero 01, 2010

El lamento es el enemigo. No hay tiempo para lamentarse. No hay espacio para eso. El lamento se convierte en resignación, en perdón. El lamento perdona lo que no puede ser perdonado. Nunca
So upon New Year's Day, the barons rode unto the field, some to joust and some to tourney, and so it happened that Sir Ector, rode unto the jousts, and with him rode Sir Kay his son, and young Arthur that was his nourished brother...

So as they rode to the jousts-ward, Sir Kay lost his sword, and so he prayed young Arthur for to ride for his sword. I will well, said Arthur, and rode fast after the sword, and whenhe came home, the lady and all were out to see the jousting. Then was Arthur wroth, and said to himself, I will ride to thechurchyard, and... take the sword with me that sticketh in thestone, for my brother Sir Kay shall not be without a sword thisday.

http://www.sacred-texts.com/neu/mart/index.htm

jueves, diciembre 31, 2009

EL AÑO NUEVO

Si bien el mes carece de submúltiplos, tiene un múltiplo en el año,
compuesto de doce meses. Se puede pensar que la regularidad en
la sucesión de los equinocios pudo llevar a esa fijación del año en
doce meses, pero no es imposible que a ello contribuyera una razón
litúrgica. De hecho, en varias regiones del Antiguo Oriente las tribus
se reúnen en grupos de seis o de doce. Muchos historiadores ven
aquí una expresión de las anfictionías en que se agrupaban las
tribus para asegurar durante un año, por turno, el servicio mensual
del templo común 2.
Hay, en este marco anual, dos neomenias que adquieren capital
importancia: la del séptimo mes (aproximadamente nuestro
septiembre) y la del primer mes (aproximadamente marzo.). Se
trata, evidentemente, de las neomenias más cercanas a los dos
equinocios: las que inauguran las dos fases de disminución y
aumento de los días con respecto a las noches. No es imposible
que esas dos neomenias fueran, según las regiones o los
cómputos, fiestas de Año Nuevo, alternativamente la una y la otra.
Pero parece ser que, en el ambiente que sirvió de inspiración a
Israel, el verdadero Año Nuevo se celebraba en la neomenia del
séptimo mes, sin por ello quitar toda importancia a la neomenia del
primer mes.
Numerosos estudios históricos han analizado los temas
doctrinales más significativos que constituyen el fondo de la
celebración del Año Nuevo. El peligro de semejantes estudios es
generalizar el alcance de las hipótesis, pretendiendo hallar siempre
y en todas partes, a base de endebles indicios, uno u otro de esos
temas. Otro peligro consiste en descubrir en tales temas toda la
profundidad doctrinal que fueron introduciendo, en el mundo de
Israel los largos siglos de reflexión religiosa. Con estas reservas, se
pueden señalar algunos temas importantes de esas festividades
paganas del Año Nuevo:
a) Tema de la creación. Al término de la disminución del año, el
dios muere en los infiernos para renacer acto seguido a una vida
nueva en la que participan todos los que celebran el Año Nuevo. El
año entrante aparece así como una nueva creación en la que el
dios-creador triunfa una vez más sobre las fuerzas del mal y del
caos para instaurar su reino de paz y felicidad. Es probable que,
con ocasión de esta fiesta del Año Nuevo, se leyeran en Oriente
algunas epopeyas de creación como, por ejemplo, la epopeya
sumaria de Gilgamés, paralelo y fuente remota de nuestro primer
capítulo del Génesis.
b) Tema de la expiación. Cuando nace el Año Nuevo, hay que
evitar que subsistan miasmas del año viejo: comprometerían el éxito
del nuevo año. Por eso, la fiesta del Año Nuevo suele ser ocasión
de una gran limpieza del templo y de la incineración de todas las
suciedades encontradas. No es imposible que esta limpieza
meramente exterior vaya acompañada a veces de una limpieza más
intima: la eliminación de las impurezas cultuales contraídas durante
el año anterior.
c) Tema de la entronización. Es tal vez el que más ha solicitado
la atención de los historiadores, demasiado preocupados a menudo
de ver en él un substrato cultual de ciertos episodios evangélicos,
como el bautismo de Cristo o su transfiguración, y de ciertos
esquemas de la predicación primitiva referentes al señorío
adquirido por Cristo. Por el momento, dejemos a un lado estas
hipótesis, para quedarnos sólo con lo esencial: al renacer a la vida,
el dios que iba a presidir los destinos del nuevo año era entronizado
oficialmente; se reconocía su poder sobre el año y se esperaba de
él paz, dicha y justicia. Más en concreto, se solían trasladar al rey
humano, encarnación del dios en medio del pueblo, los derechos y
deberes inherentes a tal entronización. No es imposible que quede
algo de esto en la manera de contar en la Escritura los años que
reinaron los reyes hebreos: parece ser, en efecto, que se cuenta
por un año el período que va desde su exaltación al trono hasta el
primer Año Nuevo que sigue a esa exaltación, de suerte que los
años de reinado se cuentan de Año Nuevo a Año Nuevo.
d) Tema de las suertes (cfr. Est., 3, 7-13). Al comenzar un nuevo
año, encomendado a la providencia de un dios, se le consulta al
mismo acerca de los favores o desgracias que su reinado
proporcionará al pueblo. Se intenta conocer su plan para el año
entrante y el comportamiento que espera de sus súbditos.
e) Tema de la fecundidad, paralelo al de la creación. Aparece
expresado mitológicamente por la hierogamia de los dioses; pero
manifiesta, sobre todo, la preocupación de los hombres por hallar a
lo largo del año semillas fecundas, rebaños bien cebados y larga
descendencia. Cada región tenia su manera propia de expresar
este deseo de fecundidad, y las libaciones de agua sobre la tierra
debían ser conocidas por aquellos países donde la lluvia era el
vehículo de toda fecundidad 3.
Esta fiesta del Año Nuevo duraba ocho o quince días, según las
regiones. El día quinto, al parecer, se procedía a los ritos de
expiación. La limpieza del templo y de la estatua del dios se hacia
con el cadáver de un carnero. Se pensaba, sin duda, -que éste
tomaba sobre si las impurezas del año y las hacia desaparecer
consigo al ser quemado o arrojado al mar o al río. El último día de la
fiesta, las ceremonias adquirían un carácter todavía más solemne,
expresado en una grandiosa procesión con la imagen o las
imágenes de dioses en medio de aclamaciones y gritos cuya
finalidad era atraer sobre la ciudad la protección del dios
entronizado.

lunes, diciembre 28, 2009

Los herejes se creen tan listos, son una bola de pendejos, por eso se les quema no por herejes, si no por pendejos, AMEN

Hay que decir los aquelarres (sabbats). Esta palabra, evidentemente ha designado cosas muy diversas según la época. Nosotros no tenemos desgraciadamente descripciones detalladas hasta bastante tarde (en tiempos de Enrique IV).(1)

En este momento el sabbat no era más que una gran farsa libidinosa hecha bajo el pretexto de brujería. Pero, en las descripciones mismas de una cosa tan deformada, algunos rasgos muy antiguos testimonian las épocas sucesivas, las formas diferentes por las que había pasado el aquelarre.

*

Podemos partir de la idea, bien segura, de que, durante siglos el siervo llevó la vida del lobo y del zorro, que este hombre fue un animal nocturno, quiero decir, que actuaba lo menos posible durante el día, que verdaderamente no vivía más que de noche.

Hasta el año 1000, mientras el pueblo podía crear sus santos y sus leyendas, la vida durante el día no carecía de interés para el siervo. Sus sábados nocturnos no eran entonces más que un leve resto de paganismo. El hombre honraba, temía a la luna que influía sobre los bienes de la tierra. Las viejas le eran devotas y encendían pequeños cirios para Dianom (Diana-Luna-Hécate). Siempre las lupercales* perseguían a las mujeres y a los niños es verdad que ahora bajo la máscara, el negro rostro del resucitado Arlequín. Se festejaba exactamente el Pervigilium Veneris (o 1° de mayo). En la fiesta de San Juan se mataba el carnero de Príapo-Baco-Sabasio, para celebrar a los sabasios. No había burla alguna en todo esto. Éste era el inocente carnaval del siervo.

Pero, hacia el año 1000, la Iglesia quedó casi cerrada para el siervo a causa de la diferencia de idioma. En 1100 los oficios se volvieron ininteligibles. De los misterios que se representaban en los atrios de las iglesias, lo que el siervo recordaba mejor era el lado cómico, el buey y el asno, etcétera. Realizó así sus fiestas de Navidad, pero éstas eran cada vez más y más irrisorias (verdadera literatura sabática).

*

¿Puede creerse que las grandes y terribles rebeliones del siglo XII no tuvieron influencia en estos misterios y en esta vida nocturna del lobo, del lobizón, de esa presa salvaje, como lo llamaban los crueles barones? Esas rebeliones pudieron muy bien iniciarse en las fiestas nocturnas. Las grandes comuniones de rebeldía entre los siervos (en las que bebían unos la sangre de los otros, o comían la tierra en lugar de hostia) (2) pudieron muy bien celebrarse durante el aquelarre. La Marsellesa de esta época cantada de noche más que de día, es quizás el canto sabático:

“Somos hombres como ellos,

Tenemos un corazón igualmente grande,

Podemos sufrir igualmente”

Pero la piedra del sepulcro vuelve a caer en 1200. El papa se sienta encima, el rey se sienta encima y, con una pesadez enorme, confinan al hombre. ¿Tiene éste ahora alguna vida nocturna? Con tanto más motivo. Las antiguas danzas paganas debieron ser entonces mucho más furiosas. Nuestros negros de las Antillas, después de un día de horrible calor, fatigados, se van a bailar a seis leguas del lugar donde trabajan. Lo mismo hacían los siervos. Pero a las danzas debieron mezclarse alegrías de venganza, farsas satíricas, burlas y caricaturas del señor y del sacerdote. Surge así una literatura nocturna que no sabía ni una palabra de la literatura del día y mucho de las fábulas burguesas.

*

He ahí el sentido de los aquelarres antes de 1300. Para que los aquelarres tomaran la forma sorprendente de una guerra declarada al dios de ese tiempo, era necesario todavía mucho más. Eran necesarias dos cosas: no solamente descender al fondo de la desesperación, sino haber perdido todo respeto.

Esto sucedió en el siglo XIV, bajo el papado de Avignon y durante el Gran Cisma, cuando la Iglesia, con dos cabezas no parecía ser ya la Iglesia, cuando toda la nobleza y el rey, vergonzosamente prisioneros de los ingleses, exterminaron al pueblo para extraerle su rescate. Los aquelarres tienen entonces la forma grandiosa y terrible de la Misa Negra, del oficio al revés, donde se desafía a Jesús, donde se le ruega que destruya con el rayo si es que puede hacerlo. Este drama diabólico hubiera sido imposible en el siglo XIII, donde hubiera provocado horror. Y más tarde en el siglo XV, cuando todo estaba gastado, hasta el dolor, este surtidor no hubiera podido brotar. Nadie se hubiera atrevido a esta creación monstruosa. Esta creación pertenece al siglo de Dante.

*

Creo que esto se hizo de golpe; fue la explosión de una furia genial que hizo subir la impiedad a la altura de las cóleras populares. Para comprender lo que eran estas cóleras es necesario recordar que el pueblo criado, educado por el mismo clero en la creencia y en la fe de los milagros, bien lejos de imaginar la fijeza de las leyes de Dios, había aguardado, esperado un milagro durante siglos, y este milagro no se había producido jamás. El pueblo lo pedía en vano, en el día desesperado de la suprema necesidad. El cielo a partir de entonces se le apareció como aliado de sus feroces verdugos, y él mismo se convirtió en feroz verdugo.

De ahí la Misa Negra y la Jacquería.

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En el cuadro elástico de la Misa Negra pueden colocarse mil variantes de detalle; pero la Misa Negra está firmemente construida y yo creo es de una sola pieza.

He logrado reencontrar este drama en 1857 (Historia de Francia). Lo he recompuesto en sus cuatro actos, cosa que no era muy difícil. Sólo que, en esa época, dejé demasiado los grotescos adornos que el aquelarre recibió en los tiempos modernos, y no precisé el viejo cuadro, tan sombrío y tan terrible.

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Este cuadro está fechado fuertemente por ciertos rasgos atroces de una edad maldita, pero también por el lugar dominante que tuvo en él la mujer, gran personaje del siglo XIV.

La singularidad de este siglo está en que la Mujer, muy poco liberada, reina sin embargo de cien maneras violentas. En primer lugar ella heredaba feudos; ella aportaba reinos al rey. La Mujer reinaba aquí abajo, y todavía más reinaba en el cielo. María había suplantado a Jesús. San Francisco y Santo Domingo vieron los tres mundos en su seno. En la inmensidad de la Gracia, ella ahogaba el pecado; ¿qué digo? Ayudaba a pecar. (Véase la leyenda de la religiosa cuyo puesto en el coro ocupa la Virgen mientras la mujer visita a su amante).

En lo más alto, en lo más bajo, aparece la Mujer (Beatriz está en el cielo, en medio de las estrellas, mientras que Jean de Meung en el Romance de la Rosa, predica la comunidad de las mujeres). Pura, manchada, la Mujer está en todas partes. Se puede decir de ella lo que dijo de Dios Raimundo Lullo: “¿Qué parte es ésta del mundo? El todo”.

Pero en el cielo, en la poesía, la Mujer celebrada no es la madre fecunda, rodeada de sus hijos. Es la Virgen, es Beatriz estéril, y que muere joven.

Se dice que una hermosa doncella inglesa pasó por Francia hacia 1300 para predicar la redención de las mujeres. Ella misma se creía el Mesías.

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La Misa Negra, en su primer aspecto parecería ser esta redención de Eva, maldita por el cristianismo. La Mujer en el sabbat lo era todo. Ella era el sacerdote, ella era el altar, ella era la hostia con la que comulgaba todo el pueblo. En el fondo, ¿no era también Dios mismo?

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Hay en el aquelarre muchas cosas populares y, sin embargo, no todo proviene del pueblo. El campesino sólo estima la fuerza, hace poco caso de la mujer. Esto se ve bastante en nuestras antiguas costumbres (véase mis Origines). El campesino no hubiera dado a la mujer el lugar dominante que ella ocupa en el aquelarre. Es ella quien lo tomó por su cuenta.

Yo creo de buena gana que el aquelarre en su forma de entonces fue obra de la mujer, de una mujer desesperada, como lo era entonces la bruja. Ella vio en el siglo XIV abrirse ante sí su horrible carrera de suplicios, trescientos, cuatrocientos años iluminados por las hogueras. A partir de 1300 su medicina fue juzgada maleficio, sus remedios castigados como venenos. El inocente sortilegio por el que los leprosos creían entonces mejorar su suerte, trajo como consecuencia la masacre de esos infortunados. El papa Juan XXII hizo desollar vivo a un obispo sospechoso de brujería. Bajo una represión tan ciega, atreverse poco, o atreverse mucho, era arriesgar lo mismo. La audacia creció por el peligro mismo. La bruja pudo atreverse a todo.

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Fraternidad humana, desafío al cielo cristiano, culto desnaturalizado del dios naturaleza… éste es el sentido de la Misa Negra.

Se levantaba un altar para el gran siervo Rebelde, aquel a quien se le ha hecho mal, el antiguo proscrito, injustamente arrojado del cielo, "el Espíritu que creó la tierra, el amo que hace germinar las plantas". Bajo estos títulos lo honraban los luciferinos, sus adoradores y (según una opinión muy valedera) también los caballeros del Temple.

El gran milagro en estos tiempos miserables es que, para la cena nocturna, surgía la fraternidad que no se había encontrado durante el día. La bruja no sin peligro, hacía contribuir a los más acomodados, recogía sus ofrendas. La caridad, bajo forma satánica, como crimen y conspiración, era una forma de rebelión, Y tenía gran fuerza. Durante el día se robaban los alimentos, para la comida común de la noche.

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Imaginemos, sobre una gran landa, con frecuencia cerca de un viejo dolmen celta, en el límite de un bosque, una doble escena: por un lado la landa iluminada, la comida del pueblo; por el otro, hacia el bosque, el coro de esa iglesia cuya cúpula es el cielo. Llamo coro a un otero que dominaba un poco la escena. Entre los dos, las hogueras resinosas de llama amarilla y de rojos braseros, un vapor fantástico.

En el fondo la bruja preparaba a su Satanás, un gran Satanás de madera, negro y velludo. Por los cuernos y el chivo que estaba junto a él hubiera podido ser Baco; pero, por los atributos viriles, era Pan y Príapo. Tenebrosa figura que cada uno veía diferente; los unos llenos de terror, los otros conmovidos por el orgullo melancólico en el que parecía absorto el eterno Exiliado.(3)

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Primer acto.- El Introito magnífico que el cristianismo tomó de la antigüedad (de esas ceremonias en las que el pueblo, circulando en largas filas bajo las columnas entraba al santuario), el viejo dios revivido, lo tomó para si. También tomó el lavado, tomado igualmente a las purificaciones paganas. Reivindicó todo esto por derecho de antigüedad.

La sacerdotisa era siempre la Vieja (título de honor); pero la sacerdotisa podía muy bien ser joven. Lancre habla de una bruja de diecisiete años, bonita, horriblemente cruel.

La novia del diablo no puede ser una niña; necesita tener treinta años, el rostro de Medea, la belleza de los dolores, los ojos profundos, trágicos v afiebrados, con grandes oleadas de serpientes descendiendo al azar; hablo de un torrente de negros, indomables cabellos. Tal vez encima de éstos, la corona de verbena, la hiedra de las tumbas, las violetas de la muerte.

La bruja ordenaba retirar a los niños (hasta el momento de la cena). Se inicia el servicio.

“Entraré en aquel altar... Pero, señor, sálvame del pérfido y del violento (del sacerdote, del señor)".

Después venía la negación de Jesús, el homenaje al nuevo amo, el beso feudal, como en las recepciones del Temple, en las que se daba todo sin reserva, el pudor, la dignidad, la voluntad; con el agravante ultraje de que al renegar del antiguo Dios “se amaba más el trasero de Satán”(4)

Correspondía a él consagrar a la sacerdotisa. El dios de madera la recibía corno la recibieron Pan y Príapo. Conforme a la costumbre pagana ella se entregaba a él, se sentaba un momento sobre él, como la Délfica en el trípode de Apolo. Ella recibía el aliento, el alma, la vida, la fecundación simulada. Después, no menos solemnemente, la bruja se purificaba. A partir de este momento se convertía en el altar vivo.

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Ha terminado el Introito v el servicio interrumpido por el banquete. Al revés de lo que ocurre en el festín de los nobles en el que todos se sientan con la espada a su lado, aquí, en el festín de los hermanos, no hay armas. Ni siquiera un cuchillo.

Como guardián de la paz cada uno tiene una mujer. Sin mujer no se puede ser admitido. Parienta o no parienta, esposa o no esposa, vieja o joven, es necesaria una mujer.

¿Qué bebidas circulan? ¿Acaso el hidromiel? ¿La cerveza? ¿El vino? ¿La sidra espirituosa o pimentada? (ambas comenzaron en el siglo XII)

¿Los brebajes de la ilusión con su peligrosa mezcla de belladona aparecían ya en esta mesa? No es seguro, había niños presentes. Por otra parte, el exceso de turbación hubiera impedido la danza.

Esta danza giratoria, la famosa ronda del sabbat, bastaría por sí sola para completar este primer grado de embriaguez. La gente giraba espalda contra espalda, con los brazos hacia atrás, sin verse; pero con frecuencia las espaldas se tocaban. Nadie se conocía muy bien, ni conocía a la que tenía a su lado. La vieja, en este momento, ya no era vieja. Milagro de Satanás. La vieja era todavía una mujer, era deseable, confusamente amada.

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Segundo acto.- En el momento en que la multitud unida en este vértigo sentía poseer un solo cuerpo, por el atractivo de las mujeres, y también no sé por qué vaga emoción de fraternidad, se retomaba el oficio en el momento del Gloria. El altar, la hostia aparecían. ¿Cuáles? La mujer misma. Con su cuerpo prosternado, con su persona humillada, en medio de la amplía seda negra de sus cabellos perdidos en el polvo, ella (la orgullosa Proserpina), ella, se ofrecía. Sobre los riñones oficiaba un demonio, decía el Credo, hacia la ofrenda.(5)

Esto fue más adelante impúdico. Pero, en medio de las calamidades del siglo XIV, en los tiempos terribles de la peste negra y de tantas hambres, en el tiempo de la Jacquería y de los bandidajes execrables de las Grandes Compañías, para este pueblo en peligro el efecto era mas que serio. La asamblea entera tenía demasiado que temer si era sorprendida. La bruja arriesgaba extremadamente, verdaderamente en este acto audaz ella daba su vida.

Más aún, ella desafiaba un infierno de dolores, torturas tales que apenas nos atrevemos a decirlas. A tenaceada y quebrada, con los senos arrancados, la piel lentamente desollada (como se hizo con el obispo brujo de Cahors). Quemada, con un lento fuego de brasas y miembro a miembro, ella arriesgaba una eternidad de agonía.

Todos seguramente estaban conmovidos cuando, sobre la criatura abnegada, entregada, humillada, se realizaba la plegaria y la ofrenda para la cosecha. Se presentaba trigo al Espíritu de la tierra, que hacía crecer el trigo. Los pájaros que volaban (probablemente surgidos del seno de la mujer) llevaban al Dios de la libertad el suspiro y el voto de los siervos. ¿Qué querían? Que nosotros, sus descendientes lejanos, nosotros, fuéramos liberados.(6)

¿Qué hostia distribuía la mujer? No la hostia de burla que veremos en tiempos de Enrique IV, sino verdaderamente esa confarreatío que hemos visto en los filtros, la hostia del amor, un pastel cocinado sobre ella, sobre la víctima que mañana podía pasar también por el fuego. Era su vida, su muerte lo que se comía. Se olía ya su carne quemada.

En último término se depositaban sobre ella dos ofrendas que parecían de carne, dos simulacros: la del último muerto de la comuna y la del último recién nacido. Ellos participaban del mérito de la Mujer, altar y hostia, y la asamblea (ficticiamente) comulgaba con el uno y con el otro, triple hostia, enteramente humana. Bajo la sombra vaga de Satanás el pueblo no adoraba más que al pueblo.

Aquí estaba el verdadero sacrificio. Se había cumplido. La Mujer, al entregarse para ser devorada por la muchedumbre, había terminado su obra. Se levantaba entonces, pero no se iba del lugar hasta haber orgullosamente visto y como constatado la legitimidad de todo por el llamado al rayo, por un desafío provocante al Dios destituido.

En burla de las palabras: Agnus Dei, etcétera, y de la ruptura de la hostia cristiana, la bruja se hacía traer un sapo vestido y lo hacía pedazos. Hacia girar luego los ojos aterradoramente, los volvía hacia el cielo y, decapitando al sapo, decía estas palabras singulares: “Ah, Felipe,(7)¡ sí te tuviera conmigo, te haría lo mismo!”.

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Jesús no contestaba al desafío, no lanzaba el rayo y se le creía vencido. Un ágil grupo de demonios elegía este momento para sorprender a la gente con pequeños milagros que desconcertaban y aterraban a los crédulos. Los sapos, animales inofensivos pero que eran considerados muy venenosos, eran mordidos por ellos, deshechos a dentelladas. Las fogatas, los braseros eran saltados impunemente para divertir a la muchedumbre y hacer que se riera de los fuegos del infierno.

¿Reía el pueblo después de un acto tan trágico, tan audaz? No sé. La bruja, seguramente no reía; no reía ella, la primera que se había atrevido a aquello. Las fogatas debían parecerle las de la próxima hoguera. Correspondía a ella preparar el porvenir de la monarquía diabólica, crear la bruja futura.

* Lupercales, antiguas fiestas paganas, famosas por su licencia (N. del T.)

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1 La descripción menos mala es la de Lancre. Lancre es un hombre inteligente. Visiblemente estaba ligado a algunas jóvenes brujas y debía saberlo todo. Desgraciadamente su aquelarre está mezclado y sobrecargado con los adornos grotescos de la época. Las descripciones del jesuita Del Río y del dominico Michaelis, son dos piezas ridículas y tontas. En el relato de Del Río, se encuentran no se cuantas vaciedades, cuantas invenciones vanas. Sin embargo, en el total, pueden encontrarse algunas hermosas huellas de la antigüedad, que yo he podido aprovechar.

2 En la batalla de Courtrai. Véase también Grimm y mis Origenes

3 Este dato proviene de Del Río, pero no creo que sea exclusivamente español. Es un rasgo antiguo y marcado de la inspiración primitiva. Las bromas vinieron mas tarde.

4 Se suspendía sobre las nalgas del fetiche una máscara o segundo rostro. Lancre, Inconstance, pag. 68.

5 Este grave punto en que la Mujer era ella misma altar, en el que se oficiaba sobre ella, nos es conocido por el proceso de la Volsin que M. Ravaisson va a publicar junto con los otros Papiers de la Bastille. En estas imitaciones, recientes es verdad, que se hicieron del aquelarre para divertir a los grandes señores de la corte de Luis XIV, se reprodujeron sin duda alguna las formas antiguas y clásicas del sabbat primitivo, en el punto en que debieron ser abandonadas en los tiempos intermedios.

6 Esta encantadora ofrenda del trigo y de los pájaros se hacía particularmente en Francia (Jacquier, Flagellans, 51. Soldán, 225)

7 Lancre, 136. No he podido averiguar el porqué del nombre Felipe. Es tanto mas oscuro cuando se piensa que, cuando Satán nombra a Jesús lo llama Juancito o Janicot ¿Diría la bruja acaso el nombre odioso del rey que nos dio cien años de guerras inglesas y que en Crecy inició nuestras derrotas, y provocó la primera invasión? Después de una larga paz, pocas veces interrumpida, la guerra fue tanto mas horrible para el pueblo. Felipe de Valois, autor de esta guerra sin fin, fue maldecido y dejó tal vez en el ritual popular una maldición perdurable.

La Bruja Jules Michelet

Traducción: Estela Canto

viernes, diciembre 25, 2009

Gira, la rueda. La llama que se había apagado, se encendió. Rueda y gira. Retorna, retorna, retorna a la vida; gira. Bienvenida sea la luz del Sol; adiós a las disputas. Rueda y gira. El señor Sol se muere; el Señor Sol vive. Rueda y gira. La muerte abre las manos y nuevas vidas da. Rueda y rueda por donde va. Gira la rueda. La llama que se había apagado, se encendió