lunes, diciembre 18, 2017

Sueño, distancia,
entreabro los ojos, ya te has ido.
Huele el café del verano pasado,
la mosquitera arrugada se apoya olvidada
las piedras que recogí en la orilla de tu cama
llenan el espacio del delirio.

Adivina,
qué siento cuando quiero tocar tu cuello
tu nuca excelsa y tus dedos fríos.
No sabes de los silencios que cerraste
para ahogarlos súbitamente en un grito.
No lo sabes, porque siquiera intuyes
cómo suenan los disparos en mi pecho
y cómo anuncian las sirenas el incendio
de las primeras noches de este encierro.
Es mentira, lo cierto y lo pasado
lo que imponen las horas como losas
hasta aplastar los intentos de morirse
abjurando de tus ojos tristes.
Y este calor en la cama que aun pervive
en la penumbra de las horas tempranas
se enrosca a mi cuello, collar de espinas
para matar lentamente a la razón,
de frío.
PARA MORIR
Muerto el verano,
apoya su cabecita de niño sobre cojines de seda blanca.
Velamos su muerte anunciada,
huelen las velas a tarde de sol y contraventanas cerradas.
Sentados bajo la sombra fresca de los abedules
el sol anuncia su fugaz huída,
duele la tarde y esta luz del sur
que aun se musita, palidece.
Ninguna sombra de este último día
nos consuela de tanta mentira,
ningún cielo nos tapará las piernas durante esta larga velada.
No consolará nuestra pena la música de las adormideras
porque caen rodando río arriba
los escombros de las estrellas.
PARA MORIR
Muerto el verano,
apoya su cabecita de niño sobre cojines de seda blanca.
Velamos su muerte anunciada,
huelen las velas a tarde de sol y contraventanas cerradas.
Sentados bajo la sombra fresca de los abedules
el sol anuncia su fugaz huída,
duele la tarde y esta luz del sur
que aun se musita, palidece.
Ninguna sombra de este último día
nos consuela de tanta mentira,
ningún cielo nos tapará las piernas durante esta larga velada.
No consolará nuestra pena la música de las adormideras
porque caen rodando río arriba
los escombros de las estrellas.
Veneno, tengo miedo de encontrarte un día por la calle
sentirme obligado a ver tu cara,
diablo, alma oscura a veces casi me parece verte,
por algún resquicio,
bajo la luz cenital de una farola por la noche,
en una calle, y luego siempre tomo otra calle,
gato negro que presagia mala fortuna
diablo nacido de las entrañas,
súcubo, que se alimenta de sangre humana,
vampiro. alucinaciones,
sudores fríos, la cabeza a punto de reventar,
la nausea, el vómito
ese desagradable sabor en la boca,
los ojos vidriosos,
cuchilladas en el estómago
desubicado, los adoquines de la calle, cuesta abajo.

domingo, diciembre 17, 2017

En un amor, la mayoría busca una patria eterna
Otros, aunque muy pocos, un eterno viajar
Estos últimos son melancólicos que tienen que rehuir el
contacto con la madre tierra

Buscan a quien mantenga alejada de ellos la melancolía de la
patria
Y le guardan fidelidad
Los tratados medievales sobre los humores saben de la
apetencia de viajes largos de este tipo de gente que va.
Yo no te bajaré la luna y las estrellas para que en el día las pierdas, yo dibujaré en tu cuerpo poesía con mis dedos. Yo no te diré que eres el amor de mi vida, porque eres el amor en el momento. No te amaré de esa forma tan común, te amaré con miradas y caricias, dejaré que me robes el aliento, te daré mis pensamientos. Todo lo que esté en mí será para ti
Voy a construir una guarida, una fuerte, en donde todo el que quiera podrá entrar. No estoy hablando de los días en los que escribía y me escondía, no hablo ni de ti ni de mi. Hablo de la luna y de las veces que estuve allí... En las noches que me acompañabas...
Voy a construir un muro, donde colgar mis pensamientos, amaré cada imagen tuya, siempre, sobre todo cuando no estés más...
Y volveré algún día a cada lunar, a cada cicatriz que dolió. Y derribaré cada "nube sucia" que llueva sobre mi, los rayos serán la luz que ilumine mis pasos oscuros... Pero como dice Quique González; no..hoy no, hoy no me detendrán...
Me he cogido in fraganti pensando, al cruzarme con una chica extrañamente vestida, esto: "O va fatal, la pobre, o es que es así la última moda..." Vaya, qué bajo estás, me he reprendido, abochornado. Porque sea la última moda no va a dejar de ir fatal, la pobre. Te descuidas un poco y se te pega, qué vergüenza, el espíritu de los tiempos.

sábado, diciembre 16, 2017

"¡Yo quisiera salvar esa distancia,
ese abismo fatal que nos divide,
y embriagarme de amor con la fragancia
mística y pura que tu ser despide!
¡Yo quisiera en mí mismo confundirte,
confundirte en mí mismo y entrañarte;
yo quisiera en perfume convertirte,
convertirte en perfume y aspirarte!
¡Aspirarte mujer... de ti llenarme,
y en ciego y sordo y mudo constituirme,
y ciego, y sordo y mudo, consagrarme
al deleite supremo de sentirte
y a la suprema dicha de adorarte!"
DESEOS
Salvador Díaz Mirón.
Con rimas y canciones
soy cambiante como las estaciones
hijo de la luna y mi padre es el sol
con la tierra soy uno solo.
Soy un brujo, un niño pagano
el espíritu de la madre naturaleza crece en mí,
fluye en mí como un hechizo,
encantándome en cada sueño al despertar
respiro el aire de la liberación,
tiento el fuego de la transformación
bebo el agua de la creación,
la magia de la tierra es mi conjuro.
Soy de luces y sombras,
de los misterios del Shide y los vuelos de los cuervos…

jueves, diciembre 14, 2017

Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.

Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.
Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.
Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.
Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.
“Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde
las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea,
y empiezo a dudar que sea cierta
la inmensa tragedia
de la literatura”
Leopoldo María Panero
HOY
Hoy no he hecho nada en todo el día.
Salvo engañarme:

la oxidación seguía trabajando,
los castores de la grasa
taponando las arterias,
la vista en el vacío aminoraba
su pérdida veloz. Imperceptible,
tomaba posesión la caries
de aquello que asomaba en el bostezo.
Todo perseveraba en su función
como un soldado japonés
en una isla del Pacífico
al que solo le queda la obediencia
veinticinco años después de rendirse
su ejército:
un seppuku lento y sin sangre.
Jamás se pierde el tiempo: subterráneo,
excava galerías entre el plomo.
Aunque no lo veamos,
nos mina.
Intactos o mordidos,
los gajos pasan.
Aunque tú no mires su esfera,
el engranaje avanza hasta pararse.
Pereza de los labios y la mano,
hoy no he hecho nada en todo el día.
Salvo decirle
adiós a todo apenas sin palabras.
Hoy no he hecho nada en todo el día,
salvo estos versos para el polvo,
la muerte.

lunes, diciembre 11, 2017

La descripción de la bruja Erictho aparece reflejada por primera vez en el libro sexto de Farsalia, obra escrita por el autor romano Lucano. Este poema épico, increíblemente largo, relata la guerra civil desatada entre Julio César y Pompeyo.
En este contexto surge una figura temible que parece ser una combinación de todas las brujas mitológicas y literarias anteriores, dado que simula evocar la descripción que Virgilio hace de Hécate en su célebre Eneida.
Erictho (o Ericto) vive en Tesalia, el país clásico de la brujería, y allí es consultada por el hijo de Pompeyo la víspera de la batalla de Pharsalus (48 a.C).
Esta horrible hechicera tiene enormes poderes, que la aproximan más a una diosa que a una bruja, y emerge como la Gran Madre Kali recogiendo los huesos y las cenizas de los muertos.
En Farsalia, en vez de guiar a los suplicantes hacia el Inframundo, Erictho es capaz de rescatar seres de infierno a través de ejecuciones nigrománticas y de reanimar cadáveres que predicen los resultados de las batallas.
Se creyó que tales operaciones tenían resultados reales, y la resurrección de los muertos fue un tema discutido en círculos científicos hasta el siglo XIX.
Georg Luck afirma que el poeta Shelley leyó a Lucano junto a su esposa Mary y que este hecho probablemente derivó en la idea que ella tuvo de escribir Frankenstein.

domingo, diciembre 10, 2017

Creo que una de las cosas más difíciles para muchos seres humanos es poder desarrollar una capacidad de desapego hacia otros. En distintas medidas, creo que prácticamente todos hemos sufrido pérdidas amorosas, amistosas y familiares. No me refiero a asuntos de muerte, sino de distancia (que en muchos casos es igual). Hablo de la perra necesidad que tenemos de generar vínculos con las personas y lo complejo es que es poder darse cuenta de que los ciclos, así como las tormentas o los días soleados, deben terminar.
No es sano estar rogando por un lugar en la vida y en el tiempo de alguien más, por muy querido que este o esta sea. No es sano estar sufriendo o angustiado por pensar en las cosas que ya terminaron. Uno solamente puede controlar sus actos (y a veces ni eso), y andar batallando para que alguien nos haga un apapacho o al menos se acuerde de uno creo que es un pasatiempo tóxico que poco a poco nos oscurece el alma.
En mi caso, durante muchos años no sólo hice eso, sino que lo asumía como algo normal y daba por hecho que en ciertas relaciones humanas yo debía ser el que engrasara la maquinaria, pero madrazo tras madrazo entendí finalmente que eso no podía seguir pasando. Algunas personas ya no están en mi vida simplemente porque dejé de escribirles, dejé de intentar encuentros sin éxito, y aunque era un riesgo calculado (uno en el fondo conoce a su gente) y al principio fue difícil, la neta es que uno debe construirse su propio entorno feliz, y si eso excluye (o nos excluye de) a gente importante para nosotros, es un costo que vale la pena pagar. Mi vida desde entonces es mucho más tranquila y gratificante, pues dejé de depositar mi felicidad en otras y otros y en sus reacciones para conmigo.
No creo que esto se trate de buenos y malos. Vaya, en mi opinión todos somos una basura y unos chingones (según convenga) y yo mismo estoy lejos de considerarme una buena persona, pero sí creo que es mucho mejor que nuestros quereres, amores y cariños circulen en vías de dos direcciones. Todo debe tener un fin, y tratar de estirar algo especial sólo por miedo a perderlo me parece que es como seguir masticando un pedazo de carne que ya no tiene sabor.
Así que, si estás leyendo esto y estás pasando por un proceso de cambio o ajuste, me gustaría decirte que hay UN CHINGO de gente allá afuera, y estar llorando todo el día por una (docena) es una pérdida de un tiempo que jamás regresará.
Nadie, absolutamente nadie es tan importante.

viernes, diciembre 08, 2017

La descripción de la bruja Erictho aparece reflejada por primera vez en el libro sexto de Farsalia, obra escrita por el autor romano Lucano. Este poema épico, increíblemente largo, relata la guerra civil desatada entre Julio César y Pompeyo.
En este contexto surge una figura temible que parece ser una combinación de todas las brujas mitológicas y literarias anteriores, dado que simula evocar la descripción que Virgilio hace de Hécate en su célebre Eneida.
La Bruja Erictho o Ericto
La Bruja Erictho o Ericto

Erictho (o Ericto) vive en Tesalia, el país clásico de la brujería, y allí es consultada por el hijo de Pompeyo la víspera de la batalla de Pharsalus (48 a.C).
Esta horrible hechicera tiene enormes poderes, que la aproximan más a una diosa que a una bruja, y emerge como la Gran Madre Kali recogiendo los huesos y las cenizas de los muertos.
En Farsalia, en vez de guiar a los suplicantes hacia el Inframundo, Erictho es capaz de rescatar seres de infierno a través de ejecuciones nigrománticas y de reanimar cadáveres que predicen los resultados de las batallas.
Se creyó que tales operaciones tenían resultados reales, y la resurrección de los muertos fue un tema discutido en círculos científicos hasta el siglo XIX.
Georg Luck afirma que el poeta Shelley leyó a Lucano junto a su esposa Mary y que este hecho probablemente derivó en la idea que ella tuvo de escribir Frankenstein.
Las brujas, meigas en el norte de España, son a su vez descendientes de las pitonisas greco-latinas, que tenían poderes adivinatorios. En la Edad Media se las consideraba mujeres extraordinariamente feas y ancianas o de una belleza y juventud malignas. La tradición dice que se podían convertir en gatos y que volaban montadas en una escoba. La bruja literaria conoce conjuros y pociones que convierten a los hombres en animales o que obligan a una persona a enamorarse de otra, en el caso de los llamados “filtros de amor” -por ejemplo, en la Celestina. En el mundo simbólico la mujer encarna frecuentemente las cualidades más perversas
La literatura no sería lo mismo sin los monstruos. Los monstruos han servido para obligar a que los niños se fueran a dormir, pero también a que temieran a la oscuridad (yo aún siento un poco de inquietud si no hay al menos alguna luz iluminando tenuemente la estancia).
Los monstruos, con todo, también ha sido herramientas para explicar más cosas: desde metáforas de nuestros miedos más arraigados hasta analogías políticas o sociológicas.
Algunos autores han prefiero ser explícitos en sus descripciones, otros, sin embargo, sin apenas esbozar detalles, fueron capaces de erizarnos el vello (aún recuerdo el miedo que pasé de pequeño al leer a Lovecraft a pesar de que no aparecía ningún monstruo en sí: solo remotos gruñidos, una amenaza que se cierne…
La cacería de brujas se convertirá rápidamente en
una narración mitológica, un recuerdo fantasmagórico,
tanto oral como literario, e incluso un arquetipo
metafórico. Las brujas no serán olvidadas después de
la Revolución francesa y del advenimiento de la modernidad política.
No desaparecerán de la memoria
colectiva con el final de la Inquisición y el agotamiento
de la Contrarreforma, ni tampoco con el desarrollo de
las nuevas formas de disciplina y castigo creadas por
la sociedad industrial, aunque Foucault no les haya
prestado atención. Las brujas siguen acechando el
imaginario colectivo de los siglos xix y xx
Blanco

El silencio tan blanco
una nada ilimitada,
tiene necesidad de confinarnos
de hablar, de decir algo
en toda la habitación
4 paredes  listas para escuchar
mi defensa de la cusa perdida,
nadie entenderá el lenguaje
                   de la falsa sonrisa,
prefiero tu vos susurrando furtivamente
en tono de blues,
trasnocho el olvido del blanco que es vació
para encontrar el blanco que lo es todo
escribiré sobre él, dibujare sobre él
me gusta maginar tu espalda como un lienzo
nada en definitivo en mi aventura la evolución de la vida
prefiero no gustar por como soy
que gustar por no ser nada,
no soy blanco ni vació
soy todo aquello que se encuentra allí.