domingo, octubre 29, 2017

¿Recuerdas cómo mueren los Gorriones?
Bajo el sol de la tarde
que golpea la costa del mar de los Zargazos
el agua los engulle como al plomo.
Nada puede salvarlos.
Hay tanta dignidad en el vacío,
tanto amor en sus vuelos,
que en el último instante escogen el silencio.
Sólo queda
el golpe de sus cuerpos contra el agua
como un rumor de viento imperceptible.
Desde esta habitación no puede verse el mar,
no existen altas rocas y no queda horizonte
que no hayan destruido.
No importa,
intuyes un rumor en esta noche negra,
puedes tocar su brazo.
Recordarás entonces, al percibir el frío,
que en otoño ese mar que tanto amas
se vuelve gris y deja
los nombres del pasado escritos en la arena.
Te has sentado a mirarlos.
Frente a ti,
torciendo el horizonte,
un niño se sumerge entre las olas.
El levante, tan cálido y perfecto,
lo traiciona y lo empuja.
Has venido a salvarme.
Es cierto,
desde esta habitación no puede verse el mar
pero tiemblan mis manos igual que aquella tarde.
Ahora cojo las tuyas,
siente cómo te amo,
cómo salvas mi miedo con tus gestos,
cómo tienes la vida sujeta entre los dedos.
Deja a un lado la carne,
has golpeado tanto tu rostro contra el agua
que la luz se ha quebrado.
No hay estrellas debajo del océano.
Abre los ojos,
es tan ciega la muerte que el temor te confunde.
Abre los ojos,
búscame ahora en medio de este océano,
voy a agarrarte fuerte con mis brazos,
siente cómo te aprieto,
busquemos nuestra orilla,
el mar no ha dibujado nuestros nombres,
es hoy, no somos el pasado,
es salado el sudor,
es la espuma del mar contra las rocas
este miedo en tus labios.
Nos espera la vida.
Aquí no existen opciones
se acabaron con las canciones de los años ochenteras
recuerdo los bailes de viernes por la noche
los vasos tan llenos de aire saben a nostalgia
como los besos que se perdieron por miedo idiota,
un abrazo, un apretón de manos y la mirada cómplice
que murió en el pensamiento,
a veces son un recuerdo inconcluso con olor a cigarrillo,
un murmullo de animal en mi cabeza
me invita a poner de nuevo ese álbum de canciones siniestras
quiero ignorar la apatía,
las ganas de fumarme el mundo
¡¡¡cámbialo, cámbialo!!!! grito…
mientras desatornillo de mi cuello la cabeza parlante
atrofiada por la edad,
prefiero acabarme,
irme a acostar entre flores y encantos
yo lo sé es mejor dormirse que estar despierto.