martes, julio 10, 2018

En el frasco de cristal
murmura un sueño
olvidado
por los niños de ojos grises,
su opacidad amable de dulces pensamientos,
va terminándose con las paredes que tenían los nombres pintados con dolor,
jamás volverá a ser lo que fue ayer
seré más fuerte que la muerte,
mi prisión tiene el mismo rumbo que la explosión de la luz
no es un espejismo
ni hechizo maléfico
elegí mi habitación roja,
es el recuerdo de los ausentes
en la memoria de los vivos,
hermosos niños danzantes a la luz de las velas de los muertos
canten lo que será mi epitafio,
que se escriba con el color de la plata,
extraída de nuestros sentimientos
para recordarle a la Catrina
que te pertenecí en vida
y que lo hare en la muerte.
Aprender a decir adiós sin palabras
pensar que mi amor fue atisbo
un radiante fulgor en la noche mas oscura
nunca pretendí ser el consejero o la razón
se que nunca seré guardián o sueño deseado,
ni la noche que cubre del frio los sueños,
tantas horas
que se vivieron un segundo
sin una nueva primera vez,
centenares de lágrimas cantan
para aprender a decir Adiós,
clara y lucida visión de la esperanza en el mundo
cual costas de Grecia dónde termina el orbe,
palpo con las manos el fin del mundo
no mas palabras…
ni una sola voz
robándose el silencio
eternamente callados
por la inconsistencia de no existir
tan suficientemente útil para pintar horizontes
solo despedidas
prolongándose en el matiz violeta del alba en mi
hora azul.
Hay que predicar sobre el fin
de los cuerpos que nos lideran
que dejaron a su alma
apoderarse de vanas glorias
solo para poseer estados.
Todos esos mortales
esperarán al pie de la hoguera
gimiendo con impotencia
la pérdida de los placeres terrenales.
Llorarán, sobre sus tumbas
con la danza de la muerte
el fuego los consumirá
y sus ropas se harán cenizas.