jueves, julio 04, 2019

El Futuro, Julio Cortázar
Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.
No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.
Todas las historias de niños, comienzan alrededor del medio día, donde el sol es más brillante, es frecuente hallar en las historias de niños, sonrisas y felicidad, el dolor se termina con un beso de mama, las sonrisas llegan tan rápido como papa te abraza inclusive la abuela siempre estará a tu lado, porque para los niños, la muerte no existe. No siempre fue así, a veces se nos olvida que los niños son una creación reciente, antes no existían, no eran nada, tan así, que frecuentemente muchos niños no llegaban a mirar un amanecer, después de irse a dormir. Pero existen otros niños que nacen en las sombras y parece que les resulta imposible salir de ellas, no es necesariamente malo eso, pero nunca nadie los quiere… con el tiempo, mueren en vida y se hacen sombras que deambulan en las ciudades buscando el primer arrojo de cariño, y mendigan el amor que jamás tendrán, sintiéndose tristemente alegres de que un segundo sonrieron, para volver a encontrar el rumbo de su muerte.