Después de que la princesa lo curó, la salud de Nathaniel comenzó a
restablecerse rápidamente, sin embargo así como físicamente se iba
fortaleciendo su estado anímico decaía cada vez más. Ademar estaba
preocupado, no tenía a donde ir durante sus vacaciones después de la
prueba de nivel así que podía acompañar al elfo lo quedaba de la semana,
pero eso no parecía ser de utilidad; pensó entonces que quizá al
pelimorado le reconfortaría tener sus cosas de regreso, lo había visto
apasionarse creando y hablando de artefactos, así que le regresaría la
mochila llena con los cuadernos de notas que le dejó como herencia.
Además de innumerables anotaciones sobre hechizos, proyectos de
construcción de artilugios, planos, catálogos de hiervas, instrucciones
para preparar pociones y crear piedras mágicas, también había
anotaciones personales, escritas en idioma común, élfico e idioma de
licántropos. El tritón se convenció de que sin duda alguna, regresarle
aquellas cosas era lo mejor, así que se encaminó a la corte de los
milagros.
Por obvias razones no podía guardar aquellos
cuadernos en su habitación, así que se dirigió a sacarlos de su
escondite en la biblioteca de la corte. No pudo evitar darle un vistazo
al espejo de las misiones, le parecía una forma de ver que tal iba la
situación con los no-muertos fuera de Arcania. Mientras observaba
encontró una que llamó su atención, se trataba de llevar un cargamento a
una aldea al norte de Thesia. La oportunidad de hacer aquella misión
tenía un par de buenas posibilidades: ayudar a los aldeanos de Catamien
y a Nathaniel, tal vez sacándolo a turistear se despejaría un poco;
después de todo los guardianes salían de Arcania durante sus vacaciones,
el que llevara con él al elfo y el cargamento le daba un toque
especial. Tomó a su buen amigo de los establos y fue por el pelimorado,
que si bien no se complacía de salir, tampoco opuso resistencia para
acompañar al tritón.
Viajaron veloces haciendo solo un par de
escalas en Doran y Galeth, de allí se orientaron directamente al lago
Whiter acampando en la ribera. Las estrellas brillaban en el firmamento y
Ademar entró al agua helada sin ningún problema. Buceó un poco y
consiguió algunos peces para que el elfo los asara en la fogata del
improvisado campamento.
- Creo que lo que más me gusta del
exterior es poder ver el cielo. -Dijo el tritón contemplando las
estrellas.- Siempre parece que es el mismo, pero nunca deja de
cambiar...
- Supongo -dijo secamente el elfo y se tumbó de espaldas cerrando los ojos.
- Nathaniel... yo... lo lamento ...
- ¿Qué lamentas? -preguntó sin abrir los ojos o moverse.
- Lamento ser culpable de tu estado actual, si yo hubiera...
-
"Hubiera" existe, pero no sirve de nada si solo usas para atormentarte,
en lo futuro toma lo que consideras errores y prende de ellos.
- Yo...
- Fin de la conversación . -interrumpió el pelimorado.
A partir de ese momento el silencio reinó entre los dos, Ademar quería
devolverle la mochila con sus notas, pero no había encontrado el
momento y ahora no se atrevía a abrir la boca. No sabía si Nathaniel
estaba triste, enojado o solo indiferente, desde antes su expresión era
adusta, pero había ocasiones en que esa fachada se quebrantaba y dejaba
ver sus sentimientos, ahora parecía que se había quedado perpetuamente
con esa imagen.
Llegaron a su destino a media mañana, los
ángeles del lugar recibieron de buen agrado a los recién llegados,
estaban gustosos de tenerlos allí, los invitaron a quedarse el tiempo
que quisieran y no parecieron incomodarse con la actitud indiferente de
Nathaniel. Una hermosa ángel de alas café llamada Arleth, quien parecía
ser la líder de aquella aldea los invitó a quedarse en su casa y sin
aceptar un no por respuesta los hizo instalarse en una pequeña
habitación.
-Estamos muy agradecidos por la respuesta positiva
de Arcania, por un momento pensamos que al no tener casi ningún problema
con los no-muertos, la petición de medicamentos contra la corrupción
les parecería ridícula. -Dijo Arleth mientras les servía a sus invitados
el té de medio día. Ademar permaneció en silencio, lo que hizo que la
ángel se diera cuenta de que no le arrancaría palabra si no lo invitaba a
hablar.- ¿Qué piensas tú de eso joven guardián?
- No creo que
querer estar prevenido sea algo ridículo, es mejor tenerlos y no
necesitarlos que necesitarlos y no tenerlos.-sonrió amablemente.
-
Es precisamente lo que pensamos... -la atención de Arleth se centró
ahora en Nathaniel quien miraba a la montaña por la ventana con la taza
de té en sus manos.- Si me permiten decirlo, creo que deberían quedarse
hasta que sus ideas estén en orden.
Por respuesta el elfo
dejó la taza de té en la mesita de noche y abandonó el lugar sin decir
palabra; salió de la casa y se alejó encaminándose a las montañas
cercanas a la frontera con el reino humano. Ademar se puso de pie
dispuesto a seguirlo, temiendo que quizá seguiría avanzando hasta la
frontera y se metiera intencionalmente en problemas con los mortales.
Durante el camino leyó un poco de las anotaciones personales del elfo
con la intención de entenderlo un poco más y ahora estaba aún más
preocupado por él. Con una sonrisa apaciguadora Arleth invitó al tritón a
quedarse un poco más.
- Tu amigo parece estar atrapado en medio
de una tormenta de sentimiento difíciles, pero se nota que no haría
nada en contra de sí mismo... no mientras esté en medio de la
incertidumbre.
- Quiero ayudarlo, pero no sé qué hacer.-Suspiró el tritón.
-
Hay problemas que cada persona debe resolver sola, sin embargo un buen
amigo puede darnos un empujoncito para ayudarnos a avanzar de nuevo.
-¿Cómo se hace eso?
-Averigua
lo que detiene a tu amigo, si esta en tu poder ayúdalo a resolverlo, de
no ser así demuéstrale que aunque no puedes hacer nada, no está solo.
- Lo intentaré... muchas gracias. - Ademar hizo una reverdecía y tomando la mochila salió en busca del elfo.
Nathaniel era más ligero de lo que parecía, se desplazaba a una
velocidad que no se esperaría de alguien de apariencia tan fornida. El
tritón tuvo que correr con todo lo que tenía para lograr verlo a la
distancia, estaba muy cerca de la falda de la montaña y al parecer se
dio cuenta de que era seguido porque se detuvo a esperar a su compañero
de viaje. El elfo miraba la vegetación que comenzaba a escasear en esa
época del año, la cercanía del otoño comenzaba a dibujar un escenario
más árido de lo que esperaba encontrar. Se sentó en un piedra y su
atención se enfocó en una arboleda cercana, mientras contemplaba algunas
de las hojas secas caer con gracia , Ademar llegó hasta él casi
ahogándose y se tendió en el piso agotado.
-Pensé que tanta
urgencia para alcanzarme era porque tenías algo que decirme. -Dijo el
elfo sin despegar la vista de uno de los árboles.
-Solo
quería... acompañarte... y regresarte esto. -El tritón le ofreció la
pesada mochila llena con los cuadernillos de apuntes, pero Nathaniel no
hizo el menor intento de tomarla.- Pesé que quizá los querrías de
regreso.
-No quiero nada, son tu herencia, ya son tuyos si no los quieres deshazte de ellos...
-Pero estas aquí, pensé que...
-¿Qué
pasa contigo? -le interrumpió secamente.- ¿acaso viste a Laila tratando
de regresarme el collar que le dejé? cuando alguien te da algo es de
muy mal gusto devolverlo.
- Solo quería animarte.
-No necesito animo, necesito paz.
-Si
crees que la encontraras en la montaña podemos ir... -dijo el joven
levantándose. -Haré lo que sea para ayudarte, no quiero que sigas
triste.
-¿Quién dice que estoy triste? estoy a punto de reventar de rabia ¿cómo puedes creer que estoy triste?
-Tú
estás triste aunque tal vez no te has dado cuenta, lo he visto... en
tus notas - se sonrojó al pensar que estaba siendo demasiado
entrometido.
La expresión del elfo no cambio en absoluto, su
imperturbable mascara de frialdad seguía sin mella alguna aun después de
lo que dijo el tritón. El sonido de crujir de hojas distrajo a ambos,
buscaron con la mira el origen del sonido y descubrieron a una ángel
corriendo hacia ellos. Los cabellos platinados de aquella chica
contrastaban con sus alas negras, aunque Nathaniel permanecía impasible,
al verla, Ademar no pudo reprimir un expresión de desagrado, pero
intentó hacerla desaparecer antes de que la chica llegara a plantarse en
medio de los dos.
-Un pajarito me dijo que un licántropo y
un humano estaban merodeando por aquí...- miró a uno y al otro
estudiándolos para después clavar su mirada marrón en Ademar.- parece
que no sabe distinguir entre un elfo y un lobo, pero tú tal vez...
-Es
del mundo de las sirenas, así que no hay extranjeros de otro reino ni
nada interesante que ver.-la interrumpió Nathaniel. -Si nos permites,
estábamos hablando de algo personal y nos gustaría que nos dieras
espacio para continuar.
- Lo siento mucho, pero si hay algo muy
interesante... Un elfo que sí parece un licántropo y una sirena es algo
que no veo todos los días.
-Bueno, si le complace podría seguir
viéndonos a nuestro regreso... -dijo Ademar en tono conciliador.-
pensamos subir a la montaña y regresar más tarde a Catamien tal vez nos
veamos allí.
Dicho eso los compañeros se dispusieron a avanzar
y dejar a la chica allí, pero ella les tomó las manos deteniéndolos.
Nathaniel miró la mano con la que la ángel lo sujetaba de forma glaciar,
Ademar inmediatamente libero la suya algo sonrojado, pero aquella
muchacha no pareció dar importancia a ninguna de esas reacciones.
-¡No
deben ir allí! ¿Qué no lo han escuchado? Allá hay una aldea donde los
humanos tienen un terrible demonio, dicen que es tan poderoso que lo
veneran como a un Dios - preguntó y respondió sin dar tiempo a que los
luminosos dijeran nada.- Otros dirán que es imposible, lo juzgan casi
ridículo porque creen que Balthazar no permitiría que lago así pasara,
pero piénselo... los humanos son impredecibles y no creo que el tal Bal
sea tan infalible que no se le escape nada, podría ser verdad.
-Tal cosa no es ni de mi incumbencia, ni de mi interés, ahora suelta mi mano y déjanos solos. -Replicó Nathaniel.
-Si se empeñan en ir, iré con ustedes, así podré ver si el rumor es verdad o no. -Dijo la muchacha sin hacer caso al elfo.
-
Olvídalo, mejor me regreso, no estoy para tolerar más acompañantes
indeseados. -Con una sacudida un tanto violenta el pelimorado liberó su
mano y dio media vuelta para regresar a la aldea.
-Vamos tú y yo chico.
-Creo que está siendo demasiado familiar con un par de desconocidos, eso es peligroso. -respondió
Ademar comenzando a andar detrás del elfo. La chica los persiguió
haciendo toda clase de preguntas, que aunque hubieran estado dispuestos a
responder no hubiera sido posible porque ella no se callaba. Aunque el
elfo actuaba como si fuera solo, la paciencia de Ademar estaba algo
frágil en ese momento y la chica comenzaba a exasperarlo. Fueron
salvados por Arleth, que al ver a su par de invitados acosados por la
chica no dudo en ir a su rescate, se acercó con una enorme sonrisa y en
cuanto estuvo junto a ellos puso su mano sobre el hombro de la ángel.
-Querida Raquel, deja de incomodar a nuestros invitados. Han tenido un largo viaje desde Arcania y lo que menos necesitan es...
-¿Son
guardianes? lo hubieran dicho antes, estoy muriendo por saber... -Un
fuerte apretón por parte de Arleth logró callar momentáneamente a la
chica.
-No cometas ni una impertinencia más, guarda un poco de
respeto y no repitas más cosas desagradables por favor... ve a casa y
prepárate para tu presentación -Dijo Arleth con un tono severo que
pareció sorprender a Ademar, pero el tritón no intervino porque estaba
aliviado al ver que la chica se retiraba.
Durante la noche los
visitantes fueron invitados a lo que parecía una asamblea, todos los
habitantes de la aldea estaban reunidos al aire libre. Esperaban
sentados en bancas que formaban un semicírculo al rededor de un pequeño
escenario, la acústica del lugar estaba maximizada con una estructura en
forma de concha que llamó la atención del tritón. Pronto Arleth subió a
escena comenzado con la exposición de eventos de esa noche. Cada
familia en la aldea parecía tener una hermosa presentación que
manifestar, hubo poesía, música, baile e incluso pequeñas
representaciones teatrales. Si el elfo gustaba de todo aquello o no, era
imposible saberlo, pues contemplaba con expresión inmutable cada
muestra artística. Como última presentación Raquel comenzó a tocar la
flauta entonado una melodía bastante complicada, cuando terminó el
público no dejó esperar un estallido de aplausos y mientras la chica
hacía reverencias, Ademar buscó con la mirada a su acompañante y
abrió la boca con intención de decirle lo que pensaba, pero Nathaniel lo
interrumpió.
-No te atrevas a decir nada, no sabes lo que pienso y menos lo que siento.
-Crees que no hay una razón para vivir-dijo el joven guardián llenándose de valor.- respecto a lo que sientes creo que...
-¡Muchas
gracias!-dijo Raquel cuando los aplausos aminoraron y señaló a Ademar
con su flauta.- Tenemos a alguien del reino de las sirenas como
invitado, creo que sería un desperdicio si desaprovechamos la
oportunidad de escuchar un canción del mundo acuático.
Los
presentes se emocionaron de inmediato con la idea, solo Arleth frunció
el ceño y negó con la cabeza viendo a la de alas negras con reproche,
los más cercanos a Ademar lo invitaban a subir al escenario mientras el
joven totalmente sonrojado negaba conocer alguna canción que fuera
propia para línea que había seguido el evento, pero no dejaban de
insistir. El tritón volteó a ver al elfo como esperando que lo
rescatara, sin embargo cuando sus miradas se unieron descubrió que
obtendría lo contrario, por fin una pequeña fisura en su máscara dejó
ver en los ojos de Nathaniel una vibra de desafío para el tritón.
-
No creo que sea importante seguir con lo que ellos hacían, ellos
quieren oírte cantar ... y yo...-Dijo el elfo arrebatando una guitarra a
alguien cercano. - quiero ver si de verdad puedes seguirme.
Sin ser requerido Nathaniel subió al escenario, con un "largo" que
todos pudieron escuchar echó a Raquel de su lugar y sentándose en su
banquillo comenzó a improvisar un acorde solo digitalizando, cuando
estuvo convencido comenzó a tocar observando a Ademar a los ojos;
sosteniéndole la mirada el guardián comenzó a cantar lo primero que se
le ocurrió, teniendo en mente lo que creía que estaba sintiendo el
elfo.
"Perdí mis manos por querer
tocarte siempre
perdí mis brazos por creer
que siempre estarías aquí
O lo viví ¿o lo soñé?
o lo viví ¿o lo viví?
Perdí mis piernas por andar
sobre tus pasos
y en el fracaso me quedé
y nunca más me iré
O lo viví ¿o lo soñé?
o lo viví ¿o lo viví?
Porque cada vez que te alejas
me dejas de sangrar
Porque vez que te largas me arrancas
me descarnas
No, ya no hay más, ya no hay más
ya cortaste mis brazos mis piernas y ya no doy más
ya no hay más
ya mi carne se encuentra contigo
en otro lugar
Perdí la forma de poder
acariciarte
sólo la boca me quedó
para llamarte
O lo viví ¿o lo soñé?
o lo viví ¿o lo viví?
Sálvame, no me dejes sangrar
ya no queda más
no me dejes sangrar
sangrar, sangrar
Porque cada vez que te alejas
me dejas de sangrar
Porque cada vez que te largas me arrancas
me descarnas
No, ya no hay más, ya no hay más
ya cortaste mis brazos mis piernas y ya no doy más
ya no hay más
ya mi carne se encuentra contigo
en otro lugar"
La canción se acopló perfectamente al ritmo de la guitarra, si bien
Ademar no contaba con una voz impresionante, el sentimiento que imprimía
a su balada podía sorprender a interpretes de mayor calibre que él. Al
terminar la canción Nathaniel se puso en pie y arrojó la guitarra de
regreso a su dueño, bajó del escenario si palabras, con su máscara de
frialdad bien colocada, pero de alguna manera sus movimientos resultaban
algo amenazadores y por eso los que estaban en su camino le cedían el
paso rápidamente. Ademar se inclinó disculpándose y fue tras el elfo,
entonces alguien reaccionó y comenzó a aplaudir, los demás se le fueron
uniendo hasta que los aplausos resonaron como una lluvia en aumento, lo
que provocó que el guardián se sonrojara, pero no se detuvo. En medio de
la oscuridad de la noche intentó darle alcance a su compañero quien
salió de la aldea en dirección opuesta al camino de regreso a Arcania.
Ademar
estaba titubeante, no sabía si llamarlo, alcanzarlo o solo seguirlo,
sin embargo no pudo hacer ninguna de esas cosas; así como él iba tras el
pelimorado, el tritón era seguido por Raquel, solo que ella no vaciló
ni un instante en llamarlo al ver que no podía alcanzarlo.
-¡Espera
guardián! -Gritó la ángel mientras seguía corriendo hasta él. -No
puedes irte sin aclarar mis dudas.... tengo que saber sobre los
rumores que escuche...
Ademar se detuvo y se giró para ver a la
insistente muchacha, incluso Nathaniel también se detuvo al escuchar la
palabra rumor, sin darse cuenta rompió por fin aquella fachada que le
acompaño por tanto tiempo, nadie lo vio en la oscuridad, pero frunció
con molestia el entrecejo.
-Yo no tengo nada que decir señorita.
-dijo el guardián cuando la de las alas oscuras se puso frente a él. -
Los rumores son para chismosos.
-No tienes que decirme rumores, solo quiero saber si has visto si son verdad o no.
-¿A qué se refiere?
-Eres un guardián de Arcania, tienes que haberlo visto con tus propios ojos.
-Sigo sin comprender...
-A los rumores sobre la princesa ¿Alguna vez la has visto?
-La
princesa es mi amiga y no sé qué rumores hay ni me importa, solo puedo
decirte que ella es una persona gentil y maravillosa... si me permites
-El tritón trató de ir a donde estaba Nathaniel escuchándolos, pero la
chica lo detuvo.
-Entonces, si de verdad es tu amiga debes saber. -lo
miró seriamente a los ojos- ¿Qué fue a hacer la princesa con un pésimo
disfraz al reino oscuro?
-¿De qué estás hablando?
-Hace tiempo un
amigo comerciante de Doran la vio en su caravana, dijo que la reconoció
al instante aunque llevaba el cabello negro, si en verdad eres su amigo
sabes la razón por la que fue al reino oscuro... ¿no lo sabías?
entonces no creo que seas alguien en quien confíe...
Ademar la
miró con una expresión indescifrable por unos segundos, hizo un repaso
de acontecimientos y recordó aquella vacaciones que la princesa había
tomado, recordó que la había visto cuando volvió, estaba algo bronceada y
le preguntó si había ido a la playa... la mirada del peliazul se torno
en tristeza, guardo silencio y bajó la vista al piso al recordar la
respuesta que recibió en aquel momento.
-¡Hey! pero de cualquier
manera eres un guardián, volvamos a lo de los rumores. - la peliblanca
lo hizo levantar su mirada pues quería leer su reacción para estar
segura de que no le mintiera. - Se dice que tiene un amante, que llegó
como otro guardián como tú, que se la pasan metidos en la habitación de
la princesa y que fue introducido a la lista de pretendientes hasta
mucho después, cuando los descubrieron porque ella abandonó sus
obligaciones por ir a pasearse con él a...
La ángel no pudo
terminar la sarta de chismes que tenía para decir, Nathaniel la
silenció descargando un terrible gancho izquierdo sobre ella, y con la
agilidad de un boxeador profesional se volvió a Ademar quien recibió un
derechazo. Raquel cayó inconsciente por el impacto, pero aunque también
se vio abatido, el tritón soportó mejor el golpe, trató de incorporarse
con torpeza y terminó siendo levantado por el cuello por el furioso
elfo. La enorme diferencia de altura hizo que los pies del peliazul
quedaran bastante lejos del suelo.
-¿Cómo puedes permitir que hablen así de ella?- gruñó Nathaniel presionando más.
-¡Detente! -gritó Arleth - ¿Crees que tratándolo así solucionaras algo? ¡¡suéltalo en este instante!!
La ángel corrió hacia ellos reprendiendo al pelimorado, al momento
Ademar se vio libre del agarre del elfo, y acabó de nuevo en el suelo
tosiendo en un intento de recuperar el aliento. Nathaniel miró
sorprendido a Arleth, por un momento le pareció que fue Sereni quien lo
traía de regreso a la razón; al recuperar la compostura buscó con la
vista a Ademar, el joven balbuceaba algo en su idioma natal mientras
observaba su mano.
-¿Estás bien jovencito? -preguntó Arleth preocupada.
-Su mano era cálida... me hizo pensar que yo... -dijo por fin el guardián en idioma común.
-¿Qué dices?- La ángel se inclinó para estar más cerca de él.
-Pero no era verdad... no confía en mí, no somos amigos y es mi culpa...
-¡Oh muchacho! creo que estas confundido.
-No
es así, por fin veo todo con claridad... -La expresión del tritón se
volvió una mueca tan triste que incluso parecía que sentía dolor, sus
ojos negros se humedecieron lentamente mientras guardaba silencio
comenzando a perderse en sus pensamientos.
-¿Vas a llorar? -preguntó
el elfo sorprendido, por un momento cuando el joven volteó a verlo, le
pareció que tenía la cara más triste del mundo.
-Siempre he sabido
que no valgo nada, no voy a empezar a llorar por eso ahora... el mar se
volvería más salado- respondió sin permitir que ni una lagrima cayera.
-
Creo que te golpee demasiado fuerte... o tal vez fue la falta de
oxigeno, eso afecta el cerebro -dijo Nathaniel levantando al muchacho.
-Ella
no tiene la culpa... solo deseo que sea feliz... no soy nadie para
opinar ni decir nada... pero solo quiero eso... solo eso...
-Sin duda te zafé un tornillo, fue accidentalmente, pero tomaré responsabilidad y te llevaré de regreso a Arcania.
Al escuchar aquello Arleth se apartó y dirigió su atención a Raquel,
quien seguía inconsciente. Nathaniel era un elfo, pero sin duda tenía un
comportamiento salvaje e impredecible, quizá por la situación que
estaba viviendo o tal vez simplemente era un ser oscuro en cuerpo de
luminoso, la ángel de las alas café entorno los ojos evaluando si su
invitado era realmente un elfo con un alma oscura intentando dominarlo o
un licántropo con un alma luminosa tratando de salir.
-Gracias por su hospitalidad Arleth. -Dijo el elfo dándole un ligero empujón a Ademar para hacerlo caminar.
-
Te agradeceré que pongas tus ideas en orden, sé quién eres y entiendo
que has tenido una vida dura, con toda tu familia arrasada y viviendo
entre los exterminadores de los tuyos. No me imagino cómo pudiste
sobrevivir por tanto tiempo en reino oscuro, pero recuerda que no eres
uno de ellos, tienes que buscar la luz en tu interior...-Dio un suspiro
observando a Raquel y luego a Ademar. - Solo espero que si vuelves por
aquí, no seas el mismo oscuro que lastima a un amigo sin pensarlo.
Ademar se encorvó al escuchar eso último, supo que Nathaniel dejó de
considerarlo su amigo desde que le quitó el título de "amigo Ademar"
cuando lo llamaba, y sabía bien porque perdió esa amistad. Estaba tan
metido en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando regresaron a la
aldea por el caballo, fue como un costal sobre el equino durante todo el
camino de regreso a Arcania. Sejmet estaba en la plaza cuando llegaron,
como no parecían haber notado su presencia decidió ocultarse y se
acercó sigilosamente con la idea de sorprenderlos. El silencio que reinó
entre los dos fue roto por Nathaniel justo frente al monumento del
pacto.
-Algo está muy mal contigo, que un mocoso como tú entienda lo mutilado que te deja la perdida de la esperanza no es normal.
-Sabía que no tenía que sacarte de tu castillo... sabía que tu último deseo era morir por algo que valiera la pena...
-Sereni
soportó lo indescriptible a mi lado, soñaba con que recuperaría lo que
era mío y que entonces todo lo sufrido valdría la pena. Pensé que podía
reunirme con y decirle que al final lo logré, tenía un pie del otro lado
y fui jalado de regreso. -Suspiró el elfo.- Ahora siento que en algún
momento de mi vida hice algo horrible y que estoy siendo castigado por
ello, por eso me fue arrebatado el descanso que buscaba, es como si
estuviera cumpliendo una condena atrapado en una vida sin sentido.
-Vivir
sin un propósito es una tortura, abres los ojos en un mundo en el que
no te queda nada, y te desangras lento, pero sin llegar a morir, sin
tener ni una gota de esperanza... -Nathaniel pudo ver de nuevo esa cara
triste en el tritón, pero esta vez una lagrima se deslizó por la mejilla
derecha de Ademar.
-Si lo sabías desde antes ¿por qué no me dejaste descansar en paz?
-Lo siento... -Fue lo único que logró decir antes de que más lagrimas empezaran a caer de los ojos del tritón.
-Eres
lo que ya no hay... no lloras por tus propios sentimientos lastimados,
pero sueltas las lagrimas por los demás, la verdad no creí que tuvieras
ese molesto grado de conmiseración.
-¡No es conmiseración! -dijo Sejmet saliendo de su escondite tras el monumento. -Es empatía pura.
-Parece que eres una profesional en meterte en los asuntos de los demás.-protestó el elfo.
-Sí,
así es y no puedes culpar a Ademar de la situación que vives, yo fui
quién hizo que te sacara y aún con eso tampoco soy culpable.
-¿Por qué? ¿por qué hiciste eso? ¿qué interés tenías en que yo siguiera con vida?
-Mientras
tengas vida y libertad puedes alcanzar lo que sea, mi interés era y es
que lo descubras... en lugar de ser tan patético cierra la boca y no
digas nada hasta que tengas algo bueno que decir ¿Te quedaste sin una
razón para vivir? ¡Busca otra!. Por amor a lo que te importó alguna vez,
aprovecha la oportunidad que tienes para hacer lo que los que se han
ido no pueden.
-Que fácil decirlo. -dijo el elfo en tono cáustico.
-Muy
fácil -Replicó la loba al instante. -Ramybé esta preocupadísimo por
ti, el te acogió desde que te trajimos de regreso, si tienes un gramo de
gratitud en tu "torturado" interior ve a verlo.
El elfo se
giró y se encaminó a la sastrería sin decir palabra, Sejmet posó sus
ojos esmeralda en el tritón que intentaba frenar las lagrimas frotando
sus ojos, se acercó a él y lo abrazó con ternura. Permanecieron así por
uno momento, hasta que el tritón pudo articular palabra.
-¿Tú me quieres? -preguntó como si fuera un niño.
-Te amo -respondió la loba sin aflojar el abrazo.
-¿Confías en mi?
-Te
lo probaré contándote un secreto que no debes decirle a nadie. -le
respondió con seguridad cerca del oído y comenzó a hablar en un suave
susurro. - En mi interior hay una mansión muy lujosa, está llena de todo
aquello que anima... pero en el rincón más alejado del salón principal
hay una pequeña habitación, ahí encierro mis miedos y preocupaciones,
últimamente también meto allí las cosas de las que me arrepiento...
-Pensé que nunca te arrepentías de nada...
-Antes
era así, ahora me arrepiento de muchas cosas, pero me lo guardo porque
no quiero que opaquen la belleza de lo que tengo a la vista.
-Sejmet...eres mi amiga ¿verdad?
-Así es, pero soy una mala amiga.
-No eres mala...
-Claro
que sí, hasta robé tu correo. -para pesar del tritón Sejmet lo soltó y
le mostró una cajita que contenía lo que parecía una concha de caracol
en su interior. -Quería averiguar que era antes de que te enteraras,
ocultarlo si eran malas noticias o entregártelo yo misma si eran
buenas, pero cuando por fin descubrí cómo funcionaba el caracol no pude
entender que rayos decía el mensaje. Ahora solo puedo confesar mi crimen
y quedarme contigo hasta que lo escuches para saber si es algo bueno o
malo.
-Querías evitarme un mal rato, eso no malo.
-Si tomas en
cuenta que sea lo que sea le contaré a Ramy tampoco es bueno, es más
bien como si fuera una chismosa... o mejor dicho una entrometida
profesional como dijo Nathaniel.
-Y supongo que el señor Mir le contará a Nathaniel, mientas quede solo entre nosotros creo que no hay problema.
El tritón activo "el caracol" y escucho el mensaje de su madre, se
sonrojó un poco y arqueó una ceja antes de borrar el mensaje y grabar
una respuesta.
-¿Qué te dijo?¿qué respondiste?-preguntó la loba sin ocultar su curiosidad.
-Era
mi madre, en pocas palabras dijo que siempre hago las cosas mal, pero
que tengo la oportunidad de enmendarme, quiere que me case, dice que
tiene una pareja lo suficientemente desespera para casarse conmigo, que
le haría un gran favor a la chica y a mí mismo en una sola ceremonia.-
se encogió de hombros un poco avergonzado.
-Tu madre es una...
-Le
respondí -se apresuró a decir el tritón para no escuchar lo que su
amiga tenía que decir de su madre.- que toda mi vida me he esforzado
para complacerla y siempre termino decepcionándola, pero que esta vez no
sería así...
-¡¿Queeeeé?
-Le dije que esta vez no me esforzaré nada y puede decepcionarse desde ahora porque no voy a casarme con una desconocida.
-Jamás pensé que te atreverías a responderle así a tu madre -dijo la loba con una media sonrisa.
-Nathaniel me pegó muy fuerte, me siento diferente desde entonces, dijo que me zafó un tornillo.
-¡Maldito
elfo! espera que pueda transformarme a voluntad y lo enfrentaré, nadie
te pondrá una mano encima sin que yo haga nada al respecto.
-Creo que él ya tiene suficiente y yo merecía el golpe.
-...Por lo menos no fue tan fuerte, no hay moretón.
-Si fue muy fuerte, hasta vi un relámpago, pero me curó en el camino...
Sin pensarlo Ademar abrazó de nuevo a Sejmet y en contra de lo que
pensó que ella haría le correspondió cariñosamente.