jueves, noviembre 17, 2016

El frío vendrá negro sin aviso
aunque el aire es ahora tibio y claro.
La buganvilla luce sin reparo
en el balcón del piso.
En el campo dorado de la tarde
las palmeras no tiemblan todavía.
No tirita el raíl sobre la vía,
pero su acero arde.
Como el niño que quiere ser mayor,
el otoño benigno sueña invierno:
un leño que lo envidie como al tierno
tallo de sol que ardió.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario